Sudacas es el término despectivo con el que Europa suele llamarnos. Eso fuimos para ellos después de esta barbarie. Eso seguiremos siendo, aún después de jugar “nuestro partido” en Madrid.

Sudacas es el término despectivo con el que Europa suele llamarnos. Eso fuimos para ellos después de esta barbarie. Eso seguiremos siendo, aún después de jugar “nuestro partido” en Madrid.
Nos duele que nos hayan quitado la fiesta. La nuestra. La que en Europa (en las tribunas), no se consigue. Hace poco se nos desnudó un colega español, reconociendo que a ellos de esta final les importaba más el envoltorio que el contenido.
Nosotros fuimos incapaces por lo que todo el mundo sabe: falta de madurez en casi todos los ámbitos. Mientras nos debatíamos en cuestiones jurídicas y detalles insensatos, estos señores de la Conmebol mostraban una voracidad explícita por exportar nuestro producto al mejor postor. Sin importarles nada. Ni interés por los jugadores de Boca, ni discreción por intentar demostrar independencia de su unidad disciplinaria.
Estamos tan hipnotizados por los efectos secundarios de este partido que lo exótico se volvió cotidiano. Nos da lo mismo jugarlo en Doha que en Madrid. Nos da lo mismo que sea con hinchas de los dos equipos o sin público. Nos da lo mismo que sea de domingo y en el horario que más les convenga. Nos da lo mismo que descrean de las lesiones de los jugadores de Boca. Nos da lo mismo que no se juegue en el Monumental. Nos da lo mismo que no se respete el fútbol argentino. Y no es posible, que todo pase de largo.
Estamos tan hipnotizados por los efectos secundarios de este partido que lo exótico se volvió cotidiano. Nos da lo mismo jugarlo en Doha que en Madrid. Nos da lo mismo que sea con hinchas de los dos equipos o sin público. Nos da lo mismo que sea de domingo y en el horario que más les convenga. Nos da lo mismo que descrean de las lesiones de los jugadores de Boca. Nos da lo mismo que no se juegue en el Monumental. Nos da lo mismo que no se respete el fútbol argentino. Y no es posible, que todo pase de largo.
No hay tiempo para pensar con lucidez, porque todos están en la misma locura y nadie reflexiona con altura.
Decime si alguna vez, como futbolero argentino, pensaste que un 30 de noviembre de 2018 tu gran partido no se iba a poder jugar donde se jugó toda la vida para irse a Madrid. Que a tu selección la va a dirigir un joven (Scaloni) que recién empieza como técnico, y que a tu jugador emblemático (Messi), lo tenés pensando si vale la pena volver.