La decisión del Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 4 de excarcelar a Amado Boudou, que se emparenta con la del juez Ariel Lijo en el expediente conocido como “Ciccone II”, se inscribe en la misma perspectiva del caso de los “cuadernos”, ya que en definitiva está en discusión la misma matriz: la relación entre los estados y los empresarios, signada por la informalidad y relaciones contingentes, no siempre apegadas a las normas legales a través de la que el Estado debe contratar.
La excarcelación del ex vicepresidente no debe opacar, además, la cuestión más importante: que el caso termine en un plazo razonable. Más allá de la discusión sobre si la excarcelación fue bien o mal concedida, el punto relevante es otro.
Como se advierte siempre desde esta lugar, el caso Ciccone exhibe mora judicial, administración de los tiempos, una aplicación dispar de la ley según los capitales de los involucrados, sobreactuaciones de algunos de sus protagonistas; en fin, toda una gama de cuestiones que vistas en su conjunto constituyen las auténticas causas que revelan porque Boudou fue excarcelado.
Los efectos tras el valiente relato de Thelma contra Juan Darthés también se relaciona con la calidad de nuestra vida pública, porque la decisión del grupo de mujeres que acompañó su denuncia tiene un lado importantísimo en la medida que exhibe el modo en que un colectivo social dio un paso decisivo desde la crítica social a la acción.
La coalición de mujeres que respaldó las denuncias, además, lo hizo respetando el lenguaje de la ley siguiendo el camino que marca la república, a pesar de los problemas que tienen nuestras instituciones. Hábilmente combinaron el camino de la ley con la de la difusión del caso y la movilización, buscando la complicidad de la sociedad civil. Esa alianza hizo posible en Brasil el Lava Jato y conmueve en estos días a la bella París.
Es un indicio, en definitiva, del principio del fin de la indiferencia.