Por vergüenza o solidaridad, ninguno de los abogados de las otras partes se atrevió a pedir piedad por un receso. Así que jueces, fiscales, querellantes y defensores escucharon con estoicismo el alegato, mientras desde afuera estalló un grito infernal desde la Plaza San Martín, cuando Leo Messi clavó el primer gol en la red.
Los protagonistas del caso Ciccone no fueron los únicos que habitaron los pasillos de Tribunales en medio de una final en donde Argentina se jugaba su continuidad en el mundial. A diferencia de lo que sucedía en el debate del subsuelo, A24.com pudo constatar que al menos tres jueces y una fiscal se quedaron en el frío edificio de Retiro para ver jugar a la Argentina. Pero no fueron la mayoría.
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Antes de que comenzara el partido, el silencio en Py ya se sentía
Jueces. En el cuarto piso, el juez Sebastián Casanello y sus empleados miraron el partido en un pequeño televisor que alguien había llevado al juzgado y durante el entretiempo se podían sentir los nervios de los secretarios que salían a fumar y debatían sobre cómo sobrevivir a los próximos 45 minutos.
En ese interín, el juez Luis Rodríguez también caminó los pasillos para aprovechar la espera del segundo tiempo y cruzarse hasta el baño, afuera de su despacho. Otro de los que se quedó en el edificio fue Marcelo Martínez De Giorgi, que – no obstante- dio “libertad de acción” a los empleados para irse a las 13.30 si habían terminado con las tareas del día, contaron fuentes judiciales.
Turno. En el quinto piso, en cambio, la actividad se radicó en la fiscalía de Paloma Ochoa. Es que estaban de turno con policía y por lo tanto sus empleados no podían ilusionarse con irse antes.
Cábala. Algunos secretarios habían prometido quedarse en sus puestos a ver el partido pero la suerte los hizo cambiar de idea: ya lo habían hecho el jueves pasado, cuando Argentina perdió con Croacia, y los más “cabuleros” tenían que cambiar la racha. No era momentos para andar especulando con eso de quedarse.
Sin elección. Los que no tuvieron opción de quedarse o irse fueron los ajenos a la lógica de Py: los empleados de limpieza tenían que terminar de sacar la tierra, el barro y el polvillo que dejan las obras que se están haciendo en el entorno del edifico de Retiro y no les da ni un minuto de tregua. Y los policías que están asignados a la guardia del edificio, y buscaron escuchar lo que pasaba en una radio portal o asomándose a un televisor escondido en la cocina.
El segundo gol dio tranquilidad a la Argentina y, por lo tanto, a los ocasionales habitantes de Py. En el único lugar donde no se gritó fue en el juicio de Ciccone, donde todo siguió como si nada.
La audiencia recién terminó a las 18.20. "Y ¿cómo terminó?", preguntó un abogado que, para esa altura, parecía un viajero del tiempo que no se había enterado de la sensación de alivio que se respiraba en el país. La respuesta fue la que ya sabía todo el mundo: "Ganó Argentina, 2 a 1".