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La transición en la Corte Suprema arrancó con un choque de estilos y una justicia en crisis

Catalina de Elía
por Catalina de Elía |
La transición en la Corte Suprema arrancó con un choque de estilos y una  justicia en crisis

El 11 de septiembre la Corte Suprema comenzó una nueva era y, como en toda transición, nadie sabe qué va a pasar. Con la asunción de un presidente como Carlos Rosenkrantz con un perfil tan distinto al de Ricardo Lorenzetti se espera más de un chispazo.

Más allá de lo anecdótico, lo que se ve hasta ahora es un choque de estilos y el estado de crisis de una justicia que no puede resolver problemas de rotación de poder sin hacer un escándalo público.

El debut público de Rosenkrantz en la Conferencia Judicial de las Cortes Supremas del G20 (J20) dejó varias fotos que, aunque no completan la película, permiten vislumbrar algo de esto.

La primera foto es la que muestra el faltazo de Comodoro Py: de los once jueces federales de primera instancia, solo asistieron tres al debut público de Rosenkrantz Daniel Rafecas, Sebastián Casanello y Marcelo Martínez de Giorgi.

En diálogo con algunos magistrados, los mismos explicaron que su ausencia se debió a la gran cantidad de trabajo y actividades que debían realizar ese día. Algunos estaban avisados con un mes de anticipación, a otros les llegó un mail con una tarjeta unos días antes. En off, algunos magistrados explicaron a A24.com que, en la era de Ricardo Lorenzetti como presidente, en el máximo tribunal se ocupaban especialmente de llamar y hacer seguimiento para lograr la asistencia a los eventos institucionales importantes y que, en cambio, al menos en esta ocasión eso faltó.

La segunda la foto es la de Rosenkrantz y su antecesor Ricardo Lorenzetti juntos  en el J20 (con el ministro de Justicia al lado de Rosenkrantz). Institucionalmente, estuvieron juntos y mostraron unidad. De hecho, el evento fue organizado primero por Lorenzetti y luego por Rosenkrantz. Y, por ejemplo, Rosenkrantz sentó a todos los jueces de la Corte en el escenario. Pero algunas fuentes cercanas a los protagonistas hablaron de un “clima de alta tensión” tanto el martes como el miércoles.

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No era para menos. La tensión por el manejo del Centro de Información Judicial (CIJ) ocupó la atención de todos los portales y canales de TV en estos días.

Los hechos son de público conocimiento: tras abandonar la presidencia de la Corte, Lorenzetti trasladó a María Bourdin, la Directora del CIJ por pedido suyo y a más de una decena de empleados de esa área a otros lugares de la Corte; Rosenkrantz le pidió las claves de acceso al portal al jefe técnico, éste se las negó porque no podía entregarle información a un consultor externo; Rosenkrantz publicó una resolución denunciando que dejaron el CIJ acéfalo y Lorenzetti le respondió duramente por carta acusándolo de provocar un “clima de tensión, amenazas telefónicas y de falta de respeto”.

El CIJ es un tema que preocupa tanto a los colegas periodistas como a los jueces porque es una herramienta de consulta central y de publicidad sobre el trabajo del Poder Judicial clave en tiempos de tanta oscuridad. Algunos magistrados consultados por este espacio se mostraron preocupados por la paralización momentánea del CIJ: quieren saber si es un cambio en la política comunicacional de la nueva gestión o si son desajustes propios de la transición.

Consultados sobre este tema por A24.com, en la vocalía de Rosenkrantz aclararon que la Corte no tiene voceros y se maneja por los procedimientos institucionales existentes. Sobre el CIJ no quisieron dar precisiones, pero uno podría aventurar por la resolución de Rosenkrantz y por la cobertura del J20, para la cual Rosenkrantz contrató especialmente a Ariel Neuman para realizarla, que estos desajustes son propios de la transición y que,aunque no sabemos ni cómo ni cuándo ni con quiénes, el CIJ va a continuar funcionando.

En definitiva las internas judiciales en épocas de transición muestran cómo mientras los casos de los jubilados no se resuelven los jueces se pelean a través de resoluciones, cartas y los medios de comunicación. La carta de Lorenzetti a Rosenkrantz evidencia también como ningún otro documento el nivel de crisis orgánica de la justicia y la lógica amigo/enemigo que atraviesa a un tribunal cuyo lenguaje debería ser solo el del derecho.

Ya casi no quedan excusas para que la dirigencia en su conjunto inicie el trabajoso camino de reconstruir el sistema de administración de justicia.