Las imágenes recorrieron el mundo y sorprendieron a todos. Cultor de un perfil bajo y celoso de su intimidad, Lionel Scaloni "mostró" a su familia luego de los dos últimos partidos de la selección.
Las imágenes recorrieron el mundo y sorprendieron a todos. Cultor de un perfil bajo y celoso de su intimidad, Lionel Scaloni "mostró" a su familia luego de los dos últimos partidos de la selección.
Primero fue la tierna imagen de su hijo mayor, Ian, que lloró en los hombros de su papá luego de la dramática definición por penales contra Países Bajos.
Y después del histórico triunfo ante Croacia, Scaloni se mostró con toda su familia: su hijo más chico, llamado Noah, y su esposa, la española Elisa Montero.
"A Elisa la conocí en Mallorca. Fue muy loco porque me quedaban dos meses de préstamo antes de volver a Lazio y la conocí", relató en un documental de Star+ el DT de la Selección.
"Yo tenía 31 y ella, 29. Tuve que remar, no podía encontrar su teléfono. No volvió a donde la conocí. Mallorca es una isla muy chiquita, vas buscando contactos y al final llegás. Ella jugaba al vóley y la encontré. Le dije: 'Me gustás, todo bien, pero me tengo que volver a Italia. ¿Qué hacés? ¿Querés volver conmigo?' Y al día siguiente me dijo que sí, dejaba todo y venía. Nos fuimos a Roma y llevamos 15 años juntos", explicó Scaloni.
Elisa se convirtió en su compañera inseparable. Tanto que fue clave una vez que Scaloni dejó el fútbol. Lo ayudó a superar la depresión que le produjo tanto tiempo libre, el vacío de no tener qué hacer y le sugirió que hiciera el curso de Director Técnico.
Como toda historia de amor, bien pudo haber quedado en la nada. Pequeños giros del destino hicieron que la pareja se mantenga. Lo contó el propio Scaloni. Cómo fue que un partido que perdió con el West Ham hizo que Scaloni y Elisa siguieran juntos.
"Ganábamos 3-2, en el último minuto la pelota se va al 2° palo y yo marcaba a Cissé. Siento que grita de dolor y yo saco la pelota afuera. Me venía bien porque faltaba un minuto. Cissé se levanta y cuando sacan el lateral, me la pasan al cuerpo y yo la revoleo para arriba. La recibe el noruego Riise, la cambia de frente, Gerrard la agarró de 40 metros y nos empataron 3-3. Fuimos a penales y perdimos. Por eso no renové con West Ham. Si yo hubiera ganado esa final, no existirían mi esposa y mis dos hijos Ian y Noah".