En esta lucha por los derechos humanos, defendió a los presos de conciencia y las minorías. Organizó marchas y conferencias para poder establecer una democracia plena en Irán con elecciones libres. Además, es una activa militante por la abolición de la pena de muerte.
Justamente, el régimen de los ayatolás aplicó con severidad las ejecuciones tras juicios sumarios como respuesta a las protestas desatadas tras el asesinato de Mahsa Amini en Teherán, el 16 de septiembre de 2022, a manos de la policía de la moral".
Mohammadi compatibilizó inicialmente su activismo con su trabajo como ingeniera en una empresa estatal y las colaboraciones periodísticas en diarios reformistas.
Detenciones, prisión y latigazos
El activismo de Mohammadi la convirtió en una "enemiga pública" para el gobierno de Irán. Por eso, en 1998 fue detenida por primera vez. Tenía 26 años y debió pasar 12 meses en prisión.
Al anunciar la entrega de este premio, el Comité Nobel destacó que el régimen iraní la ha arrestado 13 veces, condenada en cinco causas y sentenciada, en total, a 31 años de prisión y 154 latigazos.
De hecho, el Nobel de la Paz se le concede mientras está detenida desde hace una década. Los organismos de Derechos Humanos esperan que este premio sirva como palanca para que el régimen iraní la deje en libertad, pero no hay antecedentes sobre la "permeabilidad" de los ayatolás a este tipo de presión internacional.
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El marido de Mohammadi y sus hijos están viviendo en Francia como refugiados políticos. Hace 10 años que ella está en prisión y no volvió a verlos (Foto: gentileza CHRI).
Una vida afectada por un gobierno autoritario
Narges Mohammadi fue la vicepresidenta -y vocera- del Centro de Defensores de los Derechos Humanos (DHRC), que fue clausurado en 2008 por el régimen gobernante.
Por toda la serie de arrestos y condenas, que sufre todavía hoy, la ganadora del Nobel de la Paz tuvo que pagar un precio personal muy alto: fue despedida de su trabajo como física en un organismo estatal al que pertenecía. Con las constantes detenciones y largos períodos en prisión, su salud se deterioró al punto de haber sufrido varios episodios cardíacos a sus 51 años.
Pero tal vez lo más grave es que perdió a su familia. Por su propia seguridad, Taghi Rahmani, su marido, junto a Kiana y Alí (su hija y su hijo) viven en Francia. Rahmani, también perseguido político, dejó Irán hace 10 años, cuando la ganadora del Premio Nobel de la Paz era condenada a su última sentencia de prisión. Desde entonces, está encarcelada y jamás volvió a verlos.