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Carga radioactiva

Las chicas del radio: su historia y cómo una empresa le ocultó los verdaderos riesgos de la radiación

En 1920, unas pintoras de relojes fosforescentes perdieron los dientes y hasta desarrollaron terribles tumores por haber estado expuestas a una fuerte radiación sin ningún tipo de protección.
30 de noviembre de 2021 - 10:04
Las chicas del radio: su historia y cómo una empresa le ocultó los verdaderos riesgos de la radiación

Las chicas del radio trabajando en una fábrica de la United States Radium Corporation.

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Pierre y Marie Curie descubrieron el radio en 1898.

Por ejemplo, la empresa United States Radium Corporation (USRC) comienza a fabricar distintos relojes que se iluminaban en plena oscuridad. En principio, era una idea innovadora. Aunque detrás de la historia de estos relojes luminiscentes hay un grupo de mujeres más conocidada como The Radium Girls (Las chicas del radio) que trabajaban para esta empresa y que sacrificaron sus vidas para salvar la de miles de trabajadores.

Las mujeres recibían un paga triplicada de lo que se ganaba en cualquier otra fábrica similar. Su trabajo era llevar a cab una tarea artística. Había que pintar con una sustancia luminosa las agujas y los números de las esferas de los relojes civiles y militares.

Pero esas acciones no fueron nada saludables.

¿Quiénes eran Las chicas del radio?

Las chicas del radio fue el nombre que le dieron a un grupo de trabajadoras que sufrieron envenenamiento por radiación al recubrir las esferas de los relojes que fabricaban con una pintura basada en el radio utilizada en la fábrica United States Radium Corporation en Orange, Nueva Jersey. Todo empezó en1917.

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Las agujas de los relojes tenían un elemento químico que les dejó enorme secuelas.

Miles de empleadas pasaron por las dependencias de la fábrica durante la Primera Guerra Mundial, ya que los relojes luminiscentes eran de gran utilidad porque los soldados podían consultar la hora también por la noche. Más tarde, se hicieron muy populares en la sociedad. La masividad fue tal, que la empresa tuvo que contratar más personal y la cantidad de personas afectadas por la radiación aumentó de manera significativa.

Desconocían el riesgo que corrían

Se les había dicho que la pintura era inofensiva y por eso ellas desconocían el riesgo que corrían. Una de las costumbres que tenían era poner la punta del pincel entre los labios y mojarla con la lengua para humedecerla y afilarla. Ese sistema era más rápido que mojar continuamente el pincel en un trapo húmedo y el resultado final era que pintaban con mayor precisión. Además, también se solían pintar las uñas o los dientes. Lo hacían siempre con buena predisposición y humor. Luego apagaban la luz y sorprendían a la gente con la luminiscencia que emanaban de sus bocas.

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Todas desconocían los efectos adversos que el radio hacía en sus cuerpos.

El mundo vivía uno de sus momentos más convulsos y se abrían nuevas posibilidades en el mundo de la industria.

Una de las empresas más potentes del sector era la US Radium Corporation con su producto estrella: los relojes luminescentes, esos que los soldados tanto adoraban porque podían ser utilizados en la oscuridad de la noche.

¿Qué pasaba realmente dentro de la empresa?

Un grupo de 70 mujeres, entre ellas Grace Fryer, trabaja en las fábricas pintando las esferas de los relojes con una pintura especial que los hacía luminosos en la oscuridad. Un gran avance técnico al que le fue genial.

El creador de estos relojes fue William Joseph Hammer, quien en 1902 descubrió las grandes aplicaciones del Radio gracias a la propia Marie Curie. Fue él quien propuso este elemento para el tratamiento del cáncer por ejemplo.

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Todas desconocían el riesgo que corrían.

Las chicas del radio llegaron a pintar sus uñas con un líquido brillante, en sus tiempos libres, para adaptarse a la moda de la época e impregnaban sus labios y dientes con un pigmento radiactivo.

Eran momentos de diversión inocentes e inconscientes. Ninguna de las mujeres sabían que la pintura, llamada Undark, estaba compuesta principalmente por sales de radio, algo extremadamente radioactivo, un millón de veces más que el uranio.

A pesar de que la dirección de la empresa supo en todo momento que estos componentes eran nocivos para la salud de sus trabajadores, y se protegían con mascarillas y guantes de plomo, nunca intentaron tomar las medidas de protección.

Fueron 70 las mujeres contratadas en la fábrica para las tareas de manipulación y pintura. Lo hacían con el uniforme corporativo, como si pintaran un cuadro. Pero nadie les informó del peligro de la manipulación de esas pinturas. Se estima que más de 4.000 empleados pasaron por la fábrica. Pero, como era de esperarse, todo se convirtió en una verdadera pesadilla cuando las mujeres de a poco se fueron enfermando.

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Una de las trabajadoras que terminó con sarcoma en su barbilla.

Grace Fryer fue una de las primeras mujeres en darse cuenta que algo no iba bien. En 1922, ella había dejado de trabajar en US Radium y trabajaba de cajera en un banco. Sin embargo, los primeros síntomas comenzaron a aparecer. Por ejemplo, sus dientes se comenzaron a caerse y su mandíbula se inflamaba. Grace intentó comunicarse con la empresa para que alerten a sus trabajadores del peligro real que representaba trabajar ahí. Sin embargo no recibió ninguna respuesta.

Obstinada, Grace siguió en su lucha por salvar vidas y trató de localizar a todas sus ex compañeras. El horror ya estaba hecho. Muchas de ellas ya estaban en fases terminales. Otras ya habían fallecido.

Pero de tanto buscar, por fin encontró a cuatro mujeres (Edna Hussman, Katherine Schaub, Quinta McDonald y Albina Larice), que se unieron a su causa para denunciar todo lo vivido. Todos los hechos llegaron a gran parte de la prensa y la historia empezó a difundirse rápidamente.

La enfermedad de las cinco chicas era tan llamativa que se les bautizó como The Radium Girls.

La lucha incansable de Grace Fryer

En 1927, Grace Fryer por fin encuentra al abogado Raymond Berry, el único abogado que aceptó llevar la demanda contra la compañía. Con el apoyo de otras mujeres de la fábrica y la complicidad de algunos medios que estaban muy sensibles y comprometidos por la historia, llevaron la denuncia a los tribunales. Era 1928. Pero debieron enfrentar varios obstáculos. Por ejemplo, algunos médicos fueron sobornados por la empresa, aunque las secuelas físicas mostradas en los cuerpos de las víctimas fueron mucho más fuertes y mucho más evidentes.

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Catherine Wolfe, ya muy enferma por la contaminación que le produjo el radio, se animó y declaró todo ante la justicia.

La extensa batalla legal terminó cuando la empresa se comprometió a pagar los gastos médicos, 100.000 dólares y una pensión anual vitalicia de 600 dólares a cada una de las afectadas. Pese a la lucha descomunal por encontrar a los verdaderos culpables, eran muchas las chicas que habían fallecido, y otras se encontraban muy mal.

El daño a su reputación terminó con la empresa United States Radium Corporation, que siempre negó todas las acusaciones y aseguraba que el radio no se relacionaba con las enfermedades de sus empleadas. De todos modos, El radio siguió usándose para hacer pintura fluorescente hasta finales de 1960, aunque con fuertes medidas de seguridad en su manipulación.

Grace Fryer falleció en 1933, pero al menos su muerte y la de sus compañeras no fue en vano. Después de 10 años de lucha, la perseverancia hizo que el Congreso de Estados Unidos aprobara años después una ley en la que se reconocía que todas las enfermedades laborales deben ser indemnizadas. Un derecho laboral que no tardó en expandirse al resto del mundo.

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