"No cambio mi dignidad por mi libertad", dice el expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Desde la prisión de Curitiba exclama: "Quiero que sepan que no acepto negociar mis derechos y mi libertad".

"No cambio mi dignidad por mi libertad", dice el expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Desde la prisión de Curitiba exclama: "Quiero que sepan que no acepto negociar mis derechos y mi libertad".
Lula respondió de esa manera a la solicitud hecha por los fiscales del caso Lava Jato. Como el expresidente ya cumplió la sexta parte de su condena, la ley le permite un régimen morigarado. En otras palabras, podría salir de la prisión de día para trabajar, por ejemplo. Pero debe volver a la noche al penal u optar por la modalidad de una tobillera electrónica.
Sin embargo, Lula no quiere nada de eso. Está convencido de que, tarde o temprano, logrará que el proceso en su contra se vuelva nulo, quede sin efecto y recupere no solo la libertad: quiere que se demuestre su total inocencia y que fue víctima de un entramado judicial y político para sacarlo de la lucha electoral para las pasadas elecciones presidenciales.
Lula aparecía en los sondeos de opinión pública como el candidato con mayor intención de voto para suceder al entonces presidente Michel Temer. El Lava Jato, la acusación y posterior condena, le impidieron regresar al poder. Fuera de carrera, Brasil cambió de rumbo ideológico y consagró presidente a Jair Bolsonaro.
Los 15 fiscales de Curitiba, incluido el jefe de la investigación del Lava Jato, Deltan Dallagnol, firmaron la petición a favor del cambio al régimen semiabierto para Lula. Ahora debe decidir la jueza Carolina Lebbos, que tomó la posta del exjuez Sergio Moro, quien pasó a integrar el gabinete de Bolsonaro.
Pero el "no" puede ser una trampa para Lula. Si la Justicia le concede la posibilidad de salidas temporarias o diurnas y él lo rechaza, se expone a una situación más complicada. Se abriría un expediente por "mala conducta" que se sumaría a sus "antecedentes" en la justicia brasileña.
Otros juristas, en cambio, dicen que una vez que un magistrado toma una decisión, el detenido no tiene posibilidad de resistir ese fallo. En este caso, no podría evitar, "gozar" de la libertad transitoria.
Ninguna de las opciones posibles cuentan para Lula. Para él, la única válida es salir de la prisión solo cuando la justicia brasileña reconozca que nunca debió llevarlo a los tribunales y, mucho menos, condenarlo.
Mientras eso no ocurra, Lula perfiere esperar en la prisión de la sede de la Policía Federal en Curitiba.