Y agrega: "Lo primero que hicimos a la mañana fue juntar agua. Si la cortan, hay que tener agua potable y agua para bañarnos. Después salí a los cajeros automáticos y cada dos cuadras hay uno pero estaban todos llenos. Hay que sacar dinero de a poco. Y hay que hacer muchas operaciones".
El drama de vivir en Ucrania
Al momento de ir a hacer las compras, Marcelo se encontró con que los supermercados estaban desbordados de gente y que faltaban cosas esenciales como pan y leche. La cotidiano ya no está más ahora.
"Había que pagar en efectivo porque no te aceptan tarjeta. Y a partir de las seis de la tarde nos dijeron que ya no se puede andar. Ese es el panorama”, confiesa.
"La gente está muy nerviosa y preocupada. Están entrando por todos lados. Me decía mi esposa que en Chernobyl están luchando un montón. Si explota algo de esa central atómica puede ser terrible", aclara.
"De Rusia tengo la visión más negativa que puedas entender. Lo que está haciendo es una locura, se buscó todo estratégicamente. Desde hace años que están viendo la manera de entrar a Ucrania. Empezaron con entrenamientos en Bielorrusia pero con toda la idea de entrarnos por todos lados", afirma.
"Esto no se pensaba jamás"
Marcelo dice que desde el 13 de enero se empezó a sentir cierta preocupación. "Recuerdo que en ese momento habíamos hablado con mi mujer de salir del país, pero bueno, hay mucha gente mayor que pensaba que no iba a pasar nada por la relación entre Ucrania y Rusia. Mi esposa mismo tiene muchos familiares y trabaja en Rusia. Esto no se pensaba jamás", repite durante la charla.
La intención de irse no está en su cabeza. "Todo depende lo que quiera hacer mi esposa. Creo imposible que podamos salir todos. Ella no va a salir sola con un hijo y va a dejar a la demás familia, a sus padres, sus hermanos. Me imagino que tenemos que quedarnos por acá".
"Me está llamando todo el mundo, no pensé que me querían tanto", se despide Marcelo Mack, con la intención de mostrar que todavía le queda algo de humor después de horas de incertidumbre.