Una planta que representaba empleo y producción industrial en Granada
Durante años, la fábrica de Pulianas fue considerada uno de los puntos relevantes de la industria metalúrgica granadina. Decenas de familias dependían directamente de la actividad de la planta, mientras que proveedores y empresas auxiliares también se beneficiaban de su funcionamiento.
Steelgran estaba incluida dentro del sector dedicado a la fabricación de productos básicos de hierro, acero y ferroaleaciones, según la clasificación empresarial CNAE 2410. Dentro de su objeto social figuraban tareas como la transformación de acero inoxidable, la fabricación de muebles metálicos y la producción de distintos componentes industriales.
Los registros mercantiles indicaban que la empresa operaba como una compañía de tamaño mediano, con un capital social superior al millón de euros. Su actividad había permitido mantener una presencia relevante en un mercado altamente competitivo, especialmente dentro del segmento de equipamiento para cocinas profesionales y domésticas.
Pero con el paso del tiempo, la situación comenzó a cambiar. La compañía terminó atravesando un proceso de transformación que desembocó en la decisión de trasladar la producción fuera de España.
El cierre definitivo llegó después de una serie de movimientos empresariales que modificaron el futuro de la planta. En 2024, la compañía fue vendida a un grupo de origen chino, y posteriormente se avanzó en un proceso de reorganización que terminó con el traslado de parte de la fabricación hacia Portugal.
El cese de la producción y el anuncio del ERE de extinción
La producción dejó de funcionar de manera definitiva a finales de 2025, mientras que el cierre administrativo y final de la planta se concretó en marzo de 2026.
La decisión empresarial vino acompañada de un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) de extinción, una medida que confirmó la desaparición de todos los puestos de trabajo vinculados a la fábrica.
Para la plantilla, el anuncio representó un momento de enorme incertidumbre. Muchos empleados acumulaban décadas dentro de la empresa y afrontaban una situación especialmente compleja debido a su edad y especialización profesional.
El comité de empresa, encabezado por CCOO, inició negociaciones para intentar conseguir las mejores condiciones posibles ante la pérdida de los empleos. Después de varias reuniones, las partes alcanzaron un acuerdo en el acto de conciliación previo a una posible huelga.
El pacto permitió evitar un conflicto laboral mayor y estableció condiciones económicas superiores a las previstas inicialmente para los trabajadores afectados.
Un acuerdo que mejora las condiciones de salida para los empleados
Uno de los puntos centrales del acuerdo alcanzado fue el reconocimiento de una indemnización equivalente a 45 días de salario por cada año trabajado, con un límite máximo de 42 mensualidades.
La medida alcanzó a toda la plantilla, independientemente de la antigüedad individual de cada trabajador. Esto fue considerado un avance importante por parte de los representantes sindicales, ya que evitó que algunos empleados quedaran en una situación más desfavorable.
La propuesta fue sometida a votación en una asamblea de trabajadores. El resultado reflejó un respaldo mayoritario: 43 empleados votaron a favor del acuerdo, 2 lo rechazaron y 1 se abstuvo. En total participaron 46 personas sobre una plantilla de 49 trabajadores.
El presidente del comité de empresa, Javier Trapero (CCOO), destacó que el acuerdo permitió evitar la huelga prevista y garantizar un cierre ordenado. Según explicó, también fue clave para asegurar la llamada paz social durante las últimas semanas de actividad.
Además, la negociación consiguió reconocer la antigüedad real de determinados empleados, evitando que posibles discrepancias terminaran en largos procesos judiciales.
Trabajadores de 50 años y más de 25 años de experiencia, ante un futuro incierto
Uno de los aspectos más delicados del cierre es el perfil de buena parte de la plantilla. Muchos trabajadores tienen más de 25 años de antigüedad y se encuentran alrededor de los 50 años de edad, una combinación que puede dificultar nuevas oportunidades laborales.
Aunque cuentan con experiencia acumulada y conocimientos técnicos específicos, el mercado laboral actual presenta mayores dificultades para quienes buscan reincorporarse después de varias décadas en una misma compañía.
Por ese motivo, otro de los puntos acordados fue la implementación de medidas de apoyo para los empleados con mayor trayectoria dentro de Steelgran.
Los trabajadores con al menos seis años de antigüedad podrán acceder a un plan de recolocación mediante una agencia externa especializada. En caso de no utilizar esa alternativa, tendrán derecho a recibir un complemento económico adicional de 4.000 euros.
La intención de esta medida es ofrecer una ayuda extra durante la transición hacia una nueva etapa laboral.
El peso de la antigua Portinox y una historia industrial que llega a su fin
El cierre de Steelgran no puede entenderse sin mirar el recorrido previo de las instalaciones donde funcionó la planta.
La fábrica estuvo vinculada históricamente a Portinox, una marca reconocida dentro del sector del acero inoxidable y los productos para cocinas. Con el tiempo, los cambios empresariales y las operaciones de compraventa modificaron el rumbo del complejo industrial.
Las instalaciones habían sido vendidas anteriormente por Teka, y posteriormente quedaron integradas en una nueva etapa empresarial bajo Steelgran.
Durante los últimos años, organizaciones sindicales ya habían advertido sobre diferentes procesos de reestructuración y ajustes de personal relacionados con la actividad industrial de la planta.
Las denuncias sobre despidos y cambios internos fueron marcando un escenario de preocupación para los trabajadores, hasta llegar al cierre definitivo anunciado en 2026.
El impacto económico del cierre en el área metropolitana de Granada
La desaparición de una empresa industrial siempre genera consecuencias que van más allá de los trabajadores directos.
En este caso, la salida de Steelgran afecta al tejido económico del área metropolitana de Granada, donde la fábrica había tenido presencia durante años.
La pérdida de casi 50 empleos industriales supone un golpe significativo para una zona que busca mantener y fortalecer su actividad productiva, especialmente en sectores vinculados a la transformación y fabricación.
Además, el cierre implica la desaparición de una cadena de actividad formada por proveedores, servicios técnicos y empresas relacionadas con la logística y el mantenimiento industrial.
Aunque la compañía continuará existiendo desde el punto de vista empresarial, la planta granadina deja de ser un centro productivo activo, mientras la fabricación se desplaza hacia Portugal.
El cierre de Steelgran y el debate sobre la deslocalización industrial
El caso de Steelgran vuelve a poner sobre la mesa uno de los grandes desafíos de la industria europea: la deslocalización de la producción.
En los últimos años, muchas compañías han trasladado parte de sus operaciones buscando reducir costos, reorganizar sus cadenas de suministro o acercarse a nuevos mercados.
Para los trabajadores afectados, estos procesos suelen tener una consecuencia directa: la pérdida de empleos estables y especializados en comunidades donde esas fábricas fueron durante años motores económicos.
La planta de Pulianas representa ahora un nuevo ejemplo de cómo las decisiones empresariales globales pueden transformar por completo la realidad de una localidad.
Después de más de dos décadas de actividad, Steelgran deja atrás una historia marcada por la producción industrial, la especialización técnica y cientos de trabajadores que encontraron allí su sustento durante años.
El cierre definitivo en 2026 no solo marca el final de una fábrica, sino también el cierre de un capítulo importante dentro de la industria granadina.