La reunión fue el pasado 16 de noviembre de 2022 y quedó más que en evidencia. En el escrito promoviendo la acusación, Rocha parece estar orgulloso de su doble actividad durante 40 años.
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Rocha se ufana de haber sido durante más de 40 años un agente al servicio del castrismo cubano (Foto: captura de TV).
En la transcripción aportada al departamento de Justicia, Rocha dice que fue agente al servicio de Cuba durante "décadas, me refiero a décadas que fueron mucho tiempo", confiesa.
Enseguida, el hombre del FBI (que figura con las letras U.C. por "under cover" o agente encubierto) le pregunta cuánto tiempo y sin dudar responde: "40 años".
Como si al propio Rocha le costara entender cómo jamás lo descubrieron, comenta: "Lo que hemos hecho es enorme... más que un grand slam". Con el término "grand slam" no se refiere al tenis, sino a un golpe estelar en el baseball, cuando se logra batear un "home run con las 4 bases en el campo completas". Es decir, la pelota sale del campo de juego y se traduce en cinco anotaciones simultáneas para un equipo. Una jugada que se da como algo extraordinario.
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La dura acusación judicial contra el embajador norteamericano Rocha, agente del castrismo cubano (Foto: A24.com).
La acusación contra Rocha es por actuar como agente de un gobierno extranjero y defraudar con esas acciones, de manera permanente en el tiempo, al permanecer sin ser descubierto durante 40 años.
La sorpresa por la magnitud del caso del doble agente en el servicio exterior de los Estados Unidos se refleja en la presentación de la acusación hecha por el fiscal general, Merrick Garland. Allí se admite que fue la infiltración en el servicio exterior de los Estados Unidos más larga de la historia, y se destacó su trabajo meticuloso y disciplinado.
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El fiscal Merrick Garland se mostró sorprendido por el tiempo que tuvo total impunidad el "agente cubano" Rocha (Foto: captura de TV).
También afirmó que el propio Rocha dijo que sus acciones significaron un "fortalecimiento inmenso de la revolución (cubana)" y que se refería a Fidel Castro como "el comandante".
Un paso por Buenos Aires
El 1997, la misión del inefable James Cheek llegó a su fin en la embajada norteamericana en nuestro país. Totalmente extrovertido, Cheek atendía sin inconvenientes a los cronistas en cualquier acontecimiento. Se hizo hincha fanático de San Lorenzo, lucía su camiseta y concurría al Nuevo Gasómetro, además de tener una relación excelente con el entonces presidente Carlos Menem. En julio de ese año, fue reemplazado de manera transitoria por un encargado de negocios hasta la designación de un nuevo embajador. El encargado de "cuidar los intereses norteamericanos" hasta ese nombramiento desde la Casa Blanca fue nada menos que Víctor Manuel Rocha.
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La acusación sobre el embajador Rocha habla de su misión entre 1997 y 2000 en la embajada norteamericana en Buenos Aires (Foto A24.com).
En noviembre de 1999, ante la llegada del nuevo embajador designado, Rocha partió hacia Bolivia. Quienes tuvieron oportunidad de tratarlo durante sus 28 meses en Buenos Aires lo recuerdan como un diplomático defensor ferviente de ideas de "derecha".
Supo guardar muy bien las apariencias. Durante 40 años.