La joven de 26 años contó, además, que conoció al jugador cuando jugaba en Colombia y que él le pidió irse a vivir juntos a Argentina, cuando fue transferido a Boca Juniors.
Al inicio eran “insultos y empujones” y ella no lo veía como “algo malo”, pero “con el tiempo, empezaron a surgir comportamientos más duros, se transformaba con el alcohol”.
En su interrogatorio, el fiscal le preguntó cuál era el motivo por el que Villa actuaba así, a lo que ella dijo que podía ser “una foto en Instagram que publicara, o un escote o cualquier comentario”.
También dijo que la empleada doméstica, de nombre Edith, fue testigo de esas situaciones y que la vio con “moretones” o “llorando”, y que ella le contó lo que le hacía Villa.
A su vez, ella le comentó los hechos de violencia a su hermana y a una mejor amiga, y explicó que les mandaba fotos: “Mirá lo que me acaba de hacer Sebastián”.
Sin embargo, “había días que no podía hablar con mi madre o mi hija porque tenía la cara marcada, no era capaz de disimular. Villa tomaba y me agredía, yo ya no aguantaba. Eran muchos sucesos”, concluyó sobre la convivencia que tenían en el barrio privado Saint Thomas, de la localidad de Canning.