Fue uno de los momentos más emocionantes de la noche en La Bombonera. El ritual se repitió en todos los estadios, pero en ninguno fue tan especial como en este escenario. De un lado, Boca, el club de su vida. Del otro, Gimnasia La Plata, el que le permitió el reencuentro con el fútbol argentino. Y alrededor, un estadio repleto llorando de emoción.
