“A un hospital la gente va a curarse, pero está lleno de químicos peligrosos”, explicó Nievas, sugiriendo que el entorno hospitalario pudo haber jugado un papel crucial en las muertes. Para el abogado, la escena del crimen desapareció cuando se tomaron medidas de desinfección en el hospital, lo que, según él, coincidió con el cese de las muertes de recién nacidos.
Nievas sostuvo que no todos los bebés murieron por la misma razón y que, una vez que se realizaron tareas de limpieza en el hospital, “los bebés dejaron de morir por contaminación”. Estas declaraciones apuntan a la posibilidad de que las muertes estuvieran relacionadas con una negligencia institucional y no con acciones intencionales de Agüero.
Además, el abogado afirmó que la política también juega un papel importante en este caso, acusando a los funcionarios provinciales de actuar para minimizar el impacto mediático de las tragedias en el hospital. “Aquí hay un protocolo de ocultamiento”, señaló Nievas, insistiendo en que el gobierno de la provincia tiene mecanismos para desviar la atención cuando surgen escándalos que puedan perjudicar su imagen.
Brenda Agüero finalmente declaró en el juicio que se lleva adelante por las muertes de los cinco bebés. La enfermera negó rotundamente haber causado daño alguno a los recién nacidos y defendió su inocencia ante el tribunal.
“No puede ser que me sigan bombardeando como la culpable de todo. Me hicieron muchísimo daño”, declaró Agüero en la audiencia, que comenzó a las 9:30 de la mañana. La acusada aclaró que solo respondería preguntas relacionadas con su vida personal y profesional, pero evitaría referirse directamente a las acusaciones.
Durante su testimonio, Agüero reveló que ha sufrido agresiones y amenazas dentro de la cárcel desde que se mediatizó el caso. “Me decían cosas y me gritaban”, relató la enfermera, visiblemente afectada por las experiencias vividas en prisión.
Carlos Nayi, abogado de las víctimas, interrogó a Agüero sobre sus funciones en el hospital. “Mi función comenzaba desde que el paciente ingresaba hasta que se iba. Era la función de una enfermera obstétrica”, respondió Agüero, defendiendo su papel y responsabilidad dentro del área de Neonatología.
Agüero insistió en que nunca dañó a ninguno de los bebés bajo su cuidado y que siempre había deseado trabajar en Neonatología. “Nunca jamás le hice daño a nadie”, afirmó. La acusada subrayó que su vocación la llevó a buscar empleo en hospitales materno-infantiles, donde pudiera estar en contacto con recién nacidos.
Sobre las acusaciones de homicidio, Agüero se mostró incrédula. “No entiendo cómo una persona sana, sin antecedentes, de pronto saldría a matar”, expresó. Para la enfermera, la imagen negativa que se ha formado de ella es producto del trabajo de los medios, a quienes acusó de crear una narrativa ficticia.
Uno de los puntos más controvertidos del caso fue la supuesta condición psiquiátrica de Agüero. La acusada negó categóricamente esta versión y explicó que se sometió a ocho pericias, todas con resultados favorables. “Salieron a decir que era paciente psiquiátrica, pero eso es mentira. Ninguna de las pericias indicó nada”, afirmó.
“Las muertes de los bebés existieron, pero no puede ser que me culpen de todo”, añadió la enfermera, buscando disuadir al jurado de cualquier prejuicio en su contra.
Agüero relató cómo logró ingresar a trabajar en el área de Neonatología del Hospital Materno Neonatal. “Yo estaba buscando trabajo y cuando conocí el hospital, quedé enamorada del lugar”, contó, enfatizando su entusiasmo por el trabajo en cuidados neonatales.
El jurado popular tiene seis meses para deliberar y emitir un veredicto sobre el caso. Mientras tanto, la defensa continúa señalando a la fiscalía por falta de objetividad en la investigación y su presunta intención de cargar toda la responsabilidad sobre Agüero.