En este marco, efectivos policiales con chalecos antibala trataban de acercarse al enajenado para convencerlo que baje el arma, deponga su actitud y se entregue, pero el sujeto no emitía palabra ni gesto alguno.
Simultáneamente, otros agentes habían tomado posición estratégica y estaban atentos para disparar ante el mínimo movimiento que pudiera poner en peligro la integridad de sus compañeros y del mismo sujeto.
El dramático cuadro se prolongó unos 45 minutos y el trabajo de persuasión policial surtió efecto. Tras ser esposado lo cargaron en un patrullero y se lo trasladó a la Jefatura de Policía. Una vez controlada la situación, una de las mujeres heridas fue auxiliada en su casa y luego llevada al Hospital Jaime Ferré.