El ataque en prisión fue perpetrado por un pariente de Ana Maria Andrei, que logró ingresar hasta su celda y lo agredió con aceite caliente. El asesino confeso fue trasladado de urgencia a un hospital con quemaduras graves.
Los crímenes provocaron una fuerte reacción en la opinión pública y reavivaron el debate sobre los femicidios en el país. La Justicia italiana no descarta que Frumuzache pueda ser un asesino serial. Por eso, ordenó revisar casos de mujeres desaparecidas en los últimos años tanto en Toscana como en Sicilia, donde el acusado residió hasta 2022.
Frumuzache vivía en Italia desde los 14 años, trabajaba como guardia de seguridad, estaba casado y tenía hijos. Hasta el momento, no tenía antecedentes penales. La violencia de los hechos y su aparente vida normal suman aún más tensión a una causa que ocupa el centro de la escena en los medios italianos.