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Quién es Juan Daulerio, el único sobreviviente del brutal choque en el que murieron cuatro médicos

Una madrugada de celebración terminó convertida en tragedia sobre la ruta provincial 76, donde un violento choque frontal entre dos vehículos dejó un saldo devastador: cuatro jóvenes médicos fallecidos, varios heridos y un único sobreviviente entre quienes regresaban de una fiesta. El episodio, que conmocionó tanto a la comunidad médica como a distintas localidades bonaerenses, volvió a poner bajo la lupa la peligrosidad de un tramo vial señalado desde hace años por su complejidad y reiterados siniestros.

04 de mayo de 2026 - 11:59
Quién es Juan Daulerio, el único sobreviviente del brutal choque en el que murieron cuatro médicos

Una madrugada de celebración terminó convertida en tragedia sobre la ruta provincial 76, donde un violento choque frontal entre dos vehículos dejó un saldo devastador: cuatro jóvenes médicos fallecidos, varios heridos y un único sobreviviente entre quienes regresaban de una fiesta. El episodio, que conmocionó tanto a la comunidad médica como a distintas localidades bonaerenses, volvió a poner bajo la lupa la peligrosidad de un tramo vial señalado desde hace años por su complejidad y reiterados siniestros.

El accidente ocurrió cuando un grupo de cinco profesionales de la salud volvía de un evento social a bordo de un Citroën C3 y, por causas que continúan bajo investigación, colisionó de frente contra un Ford Focus que circulaba en sentido contrario. El impacto fue brutal, generando escenas de desesperación y una rápida movilización de bomberos, policías y personal sanitario de la región.

Con el correr de las horas, se confirmó que el único integrante del grupo de médicos que logró sobrevivir fue Juan Ignacio Daulerio, de 28 años, residente en la Ciudad de Buenos Aires, quien conducía el vehículo. El joven sufrió múltiples lesiones y fue trasladado de urgencia al Hospital Municipal Alberto Castro, donde permanece bajo atención médica.

La noticia generó una profunda conmoción debido a la magnitud de las pérdidas humanas. Las víctimas fatales fueron identificadas como Talía Araceli Mansilla (29), oriunda de Lanús; María de los Milagros Chirinos (28), vecina del barrio porteño de Caballito; Laura Camila Díaz Sandoval (26), de la Ciudad de Buenos Aires; y Ezequiel Agustín Quaglio (31), también de Caballito.

Según las primeras reconstrucciones, tres de las jóvenes fallecieron prácticamente en el acto, producto de la violencia del choque. Quaglio, por su parte, fue rescatado con vida y trasladado al Hospital Municipal de Tornquist, aunque finalmente murió debido a la gravedad de las heridas sufridas.

El Ford Focus involucrado en el siniestro era ocupado por Alejandro Daniel Prezzi y Griselda Buchanan, ambos de 47 años, quienes circulaban en dirección opuesta. A pesar de la magnitud del impacto, ambos sobrevivieron, en gran parte gracias a la activación de los airbags del vehículo, elemento que fue determinante para evitar una tragedia aún mayor.

La ruta 76, escenario frecuente de accidentes, volvió a quedar en el centro de las críticas. Desde la Secretaría de Seguridad local remarcaron que el sector donde ocurrió el choque presenta una curva extremadamente cerrada, considerada una de las más riesgosas del trayecto.

Es una curva donde ninguno de los autos logra verse con anticipación. Es muy cerrada y quienes no conocen el camino suelen reaccionar de forma brusca al advertirla”, explicaron fuentes oficiales. La descripción coincide con numerosos antecedentes de accidentes registrados en esa zona, donde la escasa visibilidad y la complejidad del trazado convierten cualquier error de conducción en potencialmente fatal.

Especialistas y autoridades también señalaron que la banquina representa otro factor crítico. Si un conductor realiza una maniobra brusca y pisa el borde del camino, puede perder el control del rodado en cuestión de segundos.

Hay siniestros con frecuencia porque al intentar corregir una maniobra, si se toca la banquina, el vehículo puede dispararse sin control”, indicaron desde el área de seguridad. Incluso deslizaron que la velocidad no habría sido extrema, ya que de haber circulado demasiado rápido, las consecuencias estructurales podrían haber sido diferentes.

Uno de los aspectos más desgarradores que trascendió fue que una de las jóvenes médicas alcanzó a comunicarse con su padre tras el accidente, ya sea mediante una llamada o mensaje de auxilio. Ese gesto desesperado reflejó la gravedad de los minutos posteriores al impacto y añadió una dimensión profundamente humana al horror vivido en la ruta.

El caso provocó una fuerte repercusión social, especialmente entre colegas, familiares y amigos de las víctimas, quienes expresaron su dolor en redes sociales y mediante homenajes improvisados. Muchos destacaron el compromiso profesional y humano de los fallecidos, jóvenes médicos con carreras prometedoras que perdieron la vida de forma abrupta.

La tragedia también reavivó reclamos históricos por mayores medidas de seguridad vial en rutas provinciales con antecedentes de peligrosidad. Vecinos de la zona y conductores frecuentes insisten en la necesidad de señalización reforzada, mejoras en infraestructura, ampliación de banquinas y campañas preventivas para reducir riesgos.

Cada nuevo accidente en este tramo parece confirmar una problemática estructural que trasciende el error humano. La combinación de curvas cerradas, visibilidad limitada y características geográficas complejas constituye un desafío permanente para quienes circulan por allí, especialmente durante horarios nocturnos o de escasa familiaridad con el recorrido.

Mientras continúa la investigación judicial para esclarecer con precisión cómo se produjo la colisión, las familias de las víctimas enfrentan un duelo devastador. La pérdida de cuatro jóvenes profesionales, sumada al impacto emocional en el sobreviviente y en los ocupantes del otro vehículo, convierte este episodio en una de las tragedias viales más dolorosas de los últimos tiempos en la región.

La historia de estos cinco médicos refleja cómo un regreso festivo puede transformarse en una pesadilla irreversible en cuestión de segundos. Lo que comenzó como una noche de celebración terminó marcado por el dolor, la pérdida y preguntas urgentes sobre seguridad vial.

En medio del pesar, la sociedad vuelve a enfrentarse a una realidad preocupante: muchas rutas continúan siendo escenarios de tragedias evitables, donde infraestructura deficiente y condiciones peligrosas pueden multiplicar consecuencias fatales.

El sobreviviente, Juan Ignacio Daulerio, permanece como testigo directo de una experiencia devastadora que marcará su vida para siempre. Su recuperación física será apenas una parte de un proceso emocional mucho más complejo, atravesado por la pérdida de sus compañeros y amigos.

La ruta 76 suma así un nuevo capítulo trágico a su historial, mientras familiares, autoridades y comunidades enteras reclaman respuestas, prevención y cambios concretos para evitar que otras historias similares vuelvan a repetirse.

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