El discurso que inauguró el gobierno de Alberto Fernández tuvo dos características principales: fue moderado en la confrontación y, a la vez, agudo en la crítica.

El discurso que inauguró el gobierno de Alberto Fernández tuvo dos características principales: fue moderado en la confrontación y, a la vez, agudo en la crítica.
Esas dos características podrán marcar el perfil de la nueva administración, a través de la voluntad manifestada por el flamante jefe de Estado. “Quiero ser el presidente del diálogo y del acuerdo por el país de todos”, afirmó en el final de su discurso.
Pero lo que hay que destacar es el largo párrafo a través del cual el nuevo presidente de la Nación se esforzó en enumerar la herencia recibida en términos económicos.
Fernández habló de “números terroríficos” y afirmó que el país ha pasado “del estancamiento a la caída libre”.
Asimismo destacó que se tomaron decisiones que “fueron determinantes para que el pueblo argentino en su mayoría las descalificara en las últimas elecciones”.
Al respecto, se esforzó por enumerar los detalles de esa herencia económica:
Luego de dar a conocer esas cifras, Fernández anunció que no se dará debate parlamentario al proyecto de presupuesto 2020 que había sido enviado por el gobierno de Mauricio Macri.
Al respecto, enunció dos frases contundentes. La primera, que el gobierno saliente dejó al país en estado de “virtual default”, algo que fue escuchado por los mercados como especial atención.
La segunda, que la nueva proyección presupuestaria sólo podrá ser hecha luego de que se finalice la renegociación de la deuda, los cual no parece ser inmediato.
Por otra parte, Fernández advirtió que en ese contexto no hay lugar para “dogmas mágicos ni pujas sectarias”, con lo cual pareció marcarle la cancha a actores económicos que se tendrán que sentar a la mesa de negociaciones a partir de los próximos días.
El gobierno de Fernández no sólo tendrá en adelante la dificil tarea de renegociar los pagos de la deuda y evitar caer en una cesación de pagos definitiva.
También deberá terminar de diseñar un plan integral, que permita establecer las bases de una economía sustentable, alcanzar el superávit fiscal, estimular las exportaciones y recuperar las inversiones.
Se trata de una serie de medidas sin las cuales se hará cuesta arriba el objetivo de devolverle sustentabilidad a la golpeada economía.