El modelo ya había sido impulsado en 2005 por Néstor Kirchner cuando intentó lanzar la denominada “transversalidad” con la alianza de sectores de centroizquierda y del radicalismo que terminó en 2007 con la fórmula Cristina-Cobos.
Sin embargo, hasta ahora esos frentes electorales solo funcionaron como parte de una propuesta electoral sin continuidad en los sistemas de toma de decisiones una vez en el Gobierno.
La demora en el debate tiene que ver en la necesidad del presidente de ganar tiempo para definir cómo se posiciona frente a los distintos sectores que conviven en el peronismo: el cristinismo y La Cámpora por un lado, el peronismo ortodoxo de los gobernadores y de los intendentes por otro, a los que se suman los partidos que integraron la alianza y sumaron puestos en el armado del Gobierno.
El Frente de Todos está integrado con el PJ como partido mayoritario seguido por el Frente Renovador, Unidad Popular, Kolina, Proyecto Sur, FORJA, Partido de la Victoria, Compromiso Federal, Frente Grande, Somos, Nuevo Encuentro, Partido Intransigente, Partido Solidario, Movimiento Yrigoyenista, Partido Comunista, y Partido del Trabajo y del Pueblo.
De Pedro y Santiago Cafiero ya hicieron las consultas con los gobernadores que desfilaron en las últimas semanas por la Casa Rosada para redefinir la relación del Ejecutivo nacional con las provincias.
Ahora resta esperar a febrero para poner en marcha la maquinaria del PJ que deberá primero definir en internas o en un Congreso nacional partidario a sus nuevas autoridades nacionales. Actualmente lo preside el ex gobernador de San Juan y diputado José Luis Gioja, a quien Capitanich aspira a suceder, pero esa será otra pelea previa al armado institucional de una eventual coalición de Gobierno.