“La idea fue primero abrir la negociación y después enviar el proyecto, como hacemos siempre. No había necesidad de mandar a Lacunza a la Bicameral en un contexto previo a la elección”, explican en la Rosada y aclaran que “no estamos cajoneando nada. No es la intención del Gobierno”.
¿Qué puede pasar si se envía sin acuerdo?
• El
Congreso también está “reperfilado”. Muy difícil que el peronismo fuera del
poder y a meses de asumir una nueva gestión quiera aparecer convalidando una
medida de este tipo.
• Los gobernadores, incluso los más moderados, son presos ahora de la lógica K. Colaborar con el Gobierno ya no tiene más sentido político.
• El proyecto, si se enviaba, iba a morir en el camino o recibiría un voto “no positivo”, si es que el Gobierno quería forzar una derrota. En ambos casos, el Ejecutivo no tendría nada bueno para mostrar de cara a los temidos mercados.
Algunas voces políticas del oficialismo cuestionaron el apuro por anunciar un envío al Congreso. No quedó claro a quién criticaban. Si era a Lacunza por sobreestimar su buen diálogo con la oposición o si directamente estaban apuntando a Macri. Las fuentes consultadas por A24.com no pudieron precisarlo.
La reaparición de Emilio Monzó en una foto de estas características causó sorpresa. “No se puede hacer el desentendido con un tema tan serio y en que tendrá juego el Congreso”, dijeron cerca del presidente de la Cámara de Diputados.
La foto de Lacunza con Frigerio, pero fundamentalmente con Pichetto, Monzó y Pinedo fue bien recibida por el peronismo, especialmente aquel que en algún momento se llamó “racional” o de los gobernadores, hoy en su mayoría militando en el Frente de Todos. “Lo más razonable era que frenaran el proyecto”, explican en el bloque justicialista de Diputados. En el Senado, las voces “racionales” coinciden con la mirada.
Vuelven a aclarar que el presidente tiene las facultades necesarias para hacer por sí mismo el reperfilamiento que considere. Al enviarlo al Congreso, el Gobierno estaría buscando darle volumen político al asunto. La pregunta es por qué el peronismo quedaría atrapado levantando las manos a favor de una decisión política con costos políticos que –ellos consideran- debe pagar Macri. Dicen que es él quien debe hacerse cargo de la situación.
En cambio, el peronismo tiene otra carta para intentar negociar. Aceptar que el presidente haga lo que tenga que hacer sin criticar las medidas y sin que se reclame su paso por el Parlamento. Lo que está claro es que el peronismo no tiene margen político para no criticar públicamente la política de endeudamiento del macrismo; aunque pueden quedarse callados.
En Diputados el martes el Frente para la Victoria se reunió y se evitaron declaraciones demasiado fuertes. Se limitan a decir que están abiertos al debate parlamentario. “El kircherismo no quiere hacer olas”, aseguran cerca del presidente de la Cámara, Emilio Monzó.
Mientras todos especulan, el Congreso que fue fundamental en la salida de otras crisis ahora se mantiene cerrado. “Hay voluntad de que lleguen a entregar el mandato. Le conviene a todo el mundo”, aclaran desde el peronismo. Habrá que ver cuál es el gesto que está dispuesto a dar el PJ (y el kirchnerismo) para ayudar en esta difícil transición y romper el maleficio de que los presidentes no peronistas no pueden terminar sus mandatos.