No están enfrentados por la doctrina ideológica, ni tampoco por búsqueda de mayor poder en la toma de decisiones gubernamentales. La sangre llegó al río por apenas un cargo en el Consejo de la Magistratura que el radicalismo quería para sí y finalmente quedó en manos del peronismo. Así empezó una guerra cruzada. La UCR emitió un durísimo comunicado en que acusó al "oficialismo" (del que forma parte) de "impericia, mala praxis y desidia" por dejarse arrebatar ese cargo. Después faltaron a la reunión de Gabinete y salieron por todos los medios con declaraciones estruendosas.
