“Un drone explotó cerca de la Embajada de Israel. Me hice presente para analizar la situación, reunirme con el embajador Sela y supervisar las medidas necesarias” escribió Bullrich en su red social X.
Y cerró: “Llevamos tranquilidad a la población: se confirmó que no se trató de un ataque, sino de la imprudencia de un usuario particular. La investigación continúa para esclarecer lo sucedido”.
Se había reforzado la seguridad de la Embajada de Israel
La principal sospecha fue que estaba realizando tareas de espionaje, como la toma de fotografías. Sin embargo, también buscaban descartar la sospecha de que estuviera llevando a cabo alguna acción que comprometa al edificio.
A principio de año y tras el fallo sobre la AMIA, el Gobierno había decidido reforzar la seguridad tanto en la Embajada de Israel como en otros edificios vinculados a la comunidad judía, como instituciones religiosas y culturales.
La decisión fue luego de conocerse el fallo de la Cámara Federal de Casación Penal que sentenció que el ataque contra la embajada de Israel que ocurrió en marzo de 1992 y la bomba que hizo explotar la sede de la AMIA el 18 de julio de 1994 “respondieron a un designio político y estratégico” de la República Islámica de Irán y ambos atentados fueron ejecutados por la organización terrorista Hezbollah.