La médica feminista Julieta Lantieri fue la primera mujer argentina en votar. Ella cumplía perfectamente con los requisitos que se solicitaban para poder empadronarse y ejercer el derecho al voto: era ciudadana, mayor de edad, sabía leer y escribir, ejercía una profesión y residía en la ciudad de votación.
La mujer argentina se había incorporado también al mercado laboral, y a las luchas militantes y socialistas que se expandían cada vez más para conquistar más derechos y abarcar nuevos terrenos en la política.
El contexto histórico que contuvo al Voto Femenino en Argentina
En el país se dieron una serie de sucesos que acompañaron a la sanción de la ley 13.010 para que pudiera ejecutarse correctamente el voto de la mujer. El gobierno peronista (movimiento político originado entre 1943 y 1945) se caracterizaba por sus corrientes sindicales, socialistas y revolucionarios, apuntados a la ampliación de los derechos de aquellos sectores de la sociedad que se consideraban postergados o discriminados.
Dentro de estos sectores se encontraban las personas ancianas, los niños en situación de pobreza, los trabajadores obreros, cierta porción de la sociedad catalogada despectivamente como “cabecitas negras” y también allí se encontraba el público femenino.
Las mujeres estaban atravesando un contexto global de reconocimiento de su situación de inferioridad civil y social frente a los hombres. No podían acceder a trabajos ni salarios dignos, ni ejercer derechos básicos como el voto democrático para la elección de sus representantes políticos.
En ese marco, el feminismo se define como un conjunto heterogéneo de movimientos culturales, sociales y políticos que tienen como fin igualar los derechos entre hombres y mujeres, así como reducir los índices de violencia ejercidos por los varones en el llamado sistema del “patriarcado”.
Las raíces del feminismo están en otros países de Europa y Norteamérica, pero cobran real vitalidad en la época de la Revolución Francesa y el Renacimiento. Sus precursoras exigían la liberación y conquista de derechos sociales, y generaban espacios propios y autónomos como la primera iglesia de mujeres. No obstante, es el acto del sufragismo el que reivindica su real autonomía y las posiciona en equilibrio con el sexo masculino.
Las consecuencias de la sanción de la ley para el Voto Femenino en Argentina y del surgimiento de los nuevos movimientos feministas
En lo particular, aplicado al caso de la sanción de la ley 13.010, una de las consecuencias más importantes fue la creación de un Registro Nacional de Personas que documentara todas las identidades, a fin de poder elaborar los padrones electorales y que estuvieran completos. Este sistema destituyó a la Libreta de Enrolamiento (una especie de documento de identidad que solo tenían los varones nativos o nacionalizados).
También se originaron los primeros partidos políticos constituidos por mujeres. El Partido Peronista Femenino tenía derecho a un tercio de las bancas en cada elección, y se había organizado autónomamente. Hoy en día la figura femenina dentro de las conformaciones políticas es moneda corriente, aunque se siguen generando nuevos movimientos y luchas por la inclusión de género en estos sistemas.
Con el empadronamiento, la mujer no solo ganó el derecho a votar, sino que obtuvo su Libreta Cívica (hasta ese momento solo contaba con su partida de nacimiento como documentación de identidad). Otras promulgaciones surgieron como consecuencia de la ley en términos de equidad civil y política. Algunas de ellas fueron: la patria potestad compartida (1949) y la ley de divorcio (1954) como conquistas más relevantes de la década. También lo fue la participación dentro del Congreso. Para 1952, de 30 senadores nacionales en su composición, 6 eran mujeres, y las diputadas conformaban apenas el 15% de la cámara baja.
Las consecuencias son visibles y se sostienen hasta la actualidad (periodo en el que también se encuentran en crecimiento y lucha constante). Debates, investigaciones, descubrimiento y apertura a nuevas voces que construyen los cimientos de una sociedad más justa e igualitaria.