Por último y para finalizar, el manager, expresó: “Uno de los puntos centrales, al menos más sugestivos, que estos perfiles de belleza explosiva mencionan o en lo que ponen el acento tiene que ver por un lado con el narcisismo de algunos liderazgos de masas de creer poder acumular el monopolio de la verdad sobre sentires, experiencias vivenciales, existenciales, etc. y, por el otro, tener que soportar ver en algunos colectivos a ciertas expares enmascaradas con las que compartieron tablas, set de televisión o camarines y que, si bien hoy pregonan cambios profundos, en aquellas charlas no muy lejanas las mismas consultaban sobre quién era el hombre de poder o decisor determinante de oportunidades al que había que sacar a bailar para ganar espacio y ascenso”.
Sin lugar a dudas, en nuestro país, los lugares comunes para las mujeres más hermosas del ambiente, ya sean vedettes, modelos, comediantes, etc. se redujeron y mucho ante la caída de las editoriales dedicadas a su belleza y erotismo, la falta de capocómicos dispuestos a jugar este riesgoso juego de comedia de ida y vuelta que hoy podría no ser bien visto o activar fuertes debates opositores y ni hablar de los productores o inversores que solo pueden apostar poco y a lo seguro.
¿Definitivamente el erotismo, la belleza, el desnudo y el poder de seducción y encendido de la “Bomba Sexy” desaparecerán? ¿Quedarán reducidos a la clandestinidad de lo que pueda ocurrir para algún privilegiado entre cuatro paredes? ¿O solo será, el actual, un proceso de mutación y en el cual en algún momento la platea masculina pueda volver a acceder, y solo por citar algunas de las variantes artísticas, a los grandes shows del mundo del espectáculo que tales como el Moulin Rouge a nivel internacional o a nivel local a aquellas opciones que consagraron a figuras míticas como Nélida Roca o Nélida Lobato en las revistas o a Susana Giménez o Carmen Barbieri en cine o comedia televisiva logrando así tener su gran revancha?.
Al menos parece que hoy resta saber si el “erotismo y cosificación” pueden convivir, no ser tomados como sinónimos y sobre todo lograr comprender si ello debe pasar por un mandato social o definitivamente por lo que cada mujer, en forma individual y no de masas o de pensares colectivos, pueda atreverse a sentir.