La anécdota no terminó ahí. Años atrás, la propia Wanda ya había dado más detalles de ese particular sistema de espionaje que compartía con otras esposas de futbolistas.
“Yo en Italia tenía una persona, con la esposa de otro jugador, que seguía a los maridos. Un día Maxi se avivó y se cambió de auto”, había revelado tiempo atrás en televisión.
Incluso explicó que se trataba de un servicio bastante sofisticado para no levantar sospechas: “Ella tenía una empresa y lo seguía. Se llamaba Dorothy y era una señora grande, que yo tenía viviendo en mi casa. Usaba diferentes cambios de ropa para que Maxi no se avive”.
Gracias a ese seguimiento, Wanda aseguró que descubrió situaciones que desconocía por completo sobre la vida de los jugadores fuera de la cancha.
“Me enteré cosas que no sabía, como por ejemplo, que van muchas chicas a los entrenamientos y que los persiguen con sus autos. Carísimo me salió”, remató sin filtro.
Una historia digna de película, con detectives, disfraces, persecuciones frustradas y una Ferrari imposible de alcanzar, que volvió a poner a Wanda Nara en el centro de la escena… esta vez como protagonista de uno de los escándalos más curiosos de su pasado.