Según explica, sus creaciones aparecen en la cámara de sus seguidores ni bien los lanza. "Hoy en día si usás un filtro que no tiene nadie más, sos cool". Dice que los instagrammers rusos son los que más lo siguen, aunque también usan sus filtros en Italia o a nivel local. Tomás pasó de tener 1.000 seguidores a casi 100 mil y sus filtros llegan al millón de vistas -cantidad de veces que aparecen en la cámara de un usuario- en un día, cuando antes eso tardaba un mes.
Previo a esto hacía música y arte multimedial y trabajaba como programador en una empresa, aunque ahora está enfocado 100% en su nuevo trabajo. "Me emociona, me parece algo lindísimo. El de Woop que es el que más la pegó lo subí con dibujos míos que había hecho al toque e igual le fue re bien".
Lo que aprendió como programador hoy lo aprovecha para optimizar sus filtros y que la revisión de su laburo por parte de Instagram pase todos los filtros rápido para que llegue cuando antes a sus seguidores. "El filtro lo puedo hacer en 2 minutos pero hasta llegar a ese momento puede pasar un tiempo. Woop tiene bastante laburo de optimización y para ese debo haber tardado una semana o un poco más, pero a full".
"Acá no cazan los precios ni la exposición que puede tenertodo esto, aunque hay varias marcas y empresas interesadas", aclara Tomás, que prefiere no decir cuánto cobra su trabajo por hora. "En Facebook me pagan el tiempo que me consumen las entrevistas de feedback que tenemos sobre el programa. Igual, con mi vieja nos cagamos de risa, trabajo de mi cuarto para el mundo".