Sin embargo, atravesaba desde hacía años una situación delicada vinculada a su salud mental. Según reveló su esposo, desde 2019 realizaba tratamiento psiquiátrico y tomaba medicación. Incluso había sufrido una desaparición previa durante la pandemia, cuando fue hallada con hipotermia en una playa de la zona.
En los días previos a su desaparición, su cuadro había empeorado notablemente. De acuerdo al relato de su entorno, sufría insomnio y fuertes episodios depresivos que alteraban por completo su rutina diaria.
“La familia y amigos siempre estuvimos presentes intentando sostenerla con amor y cariño”, había expresado su marido durante la búsqueda, en un mensaje cargado de angustia y desesperación.
Tras el hallazgo, la Justicia ordenó una autopsia para determinar las causas de la muerte y despejar dudas alrededor del caso.
El informe preliminar confirmó que Ana Lía no fue víctima de un crimen. Según detallaron los forenses, falleció producto de un paro cardíaco no traumático y el cuerpo no presentaba signos de violencia ni indicios de criminalidad.
Además, explicaron que el estado en el que fueron encontrados los restos se debió a la acción de animales de la zona y a las condiciones del terreno donde permaneció durante días.
La identificación pudo realizarse mediante pericias papiloscópicas y análisis de huellas dactilares.