Ese perfil reservado fue, justamente, uno de los pilares más importantes de la relación. En varias entrevistas, el conductor reconoció que su esposa fue quien lo ayudó a mantener los pies sobre la tierra en los momentos más intensos de exposición mediática. “Ella fue la que me llevaba a tierra”, confesó Pergolini en una entrevista íntima.
Dolores desarrolló su carrera como psicóloga clínica y se especializó en infancia y adolescencia. Además de atender en el ámbito privado, participó en capacitaciones y espacios académicos vinculados al modelo sistémico. Quienes la conocen aseguran que siempre priorizó su vocación profesional antes que cualquier posibilidad de convertirse en “la mujer de”.
Esa distancia de los medios terminó generando todavía más curiosidad alrededor de su figura. En tiempos donde gran parte de las parejas de famosos viven expuestas en redes sociales, ella eligió el hermetismo absoluto. No suele aparecer en eventos, evita las entrevistas y mantiene una presencia prácticamente inexistente en el universo mediático.
Con el paso de los años, Pergolini habló cada vez más abiertamente sobre la importancia que tuvo Dolores en su vida personal. Incluso reveló que fue ella quien lo impulsó a hacer terapia en uno de sus momentos más complejos emocionalmente.
La pareja logró atravesar casi cuatro décadas juntos, algo poco frecuente dentro del ambiente artístico argentino. Y aunque el conductor suele mostrarse filoso, irónico y desafiante públicamente, cada vez que habla de su esposa cambia el tono: aparece un Pergolini mucho más íntimo, vulnerable y agradecido.
Hoy, mientras sus hijos construyen sus propios caminos —entre el streaming, la música, la psicología y el teatro musical— Dolores Galán continúa fiel al perfil bajo que sostuvo desde el primer día. Sin escándalos, sin exposición y lejos del ruido mediático, se convirtió en una rareza dentro del mundo del espectáculo: alguien que nunca quiso ser famosa.