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Bañeras con azulejos: el recurso retro que vuelve a los baños contemporáneos

El revestimiento cerámico en bañeras reaparece como una solución estética y funcional: integra el ambiente, suma color y ayuda a que los baños chicos se perciban más amplios.

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Bañeras con azulejos: el recurso retro que vuelve a los baños contemporáneos. (Imagen ilustrativa)
Bañeras con azulejos: el recurso retro que vuelve a los baños contemporáneos. (Imagen ilustrativa)

Las bañeras revestidas con azulejos vuelven a ocupar un lugar visible en el diseño de baños. Lejos de presentarse como una novedad absoluta, la tendencia recupera un recurso con historia y lo adapta a interiores actuales, donde la continuidad visual, el color y la identidad material ganan protagonismo.

Especialistas en interiorismo señalan que este regreso responde a un cambio de clima estético: después de años de baños pensados con una impronta neutra, minimalista y cercana al spa, aparecen propuestas más expresivas, con guiños clásicos y terminaciones menos impersonales. En ese contexto, el alicatado de la bañera permite que la pieza deje de verse como un objeto separado y pase a formar parte del conjunto.

Por qué vuelven las bañeras revestidas

El diseñador Max Humphrey, de Portland, explicó en una nota de Good Housekeeping que muchas personas están buscando baños con un espíritu más tradicional y menos asociado al estilo zen. Para él, cubrir el exterior de la bañera con cerámica o porcelana ayuda a integrarla al ambiente y, al mismo tiempo, aporta una superficie más interesante que un frente liso.

Las bañeras de líneas rectas con revestimiento cerámico ya habían tenido popularidad a comienzos del siglo XX y reaparecieron en distintos momentos posteriores. Lo que cambia ahora no es la técnica, sino la manera de incorporarlas en proyectos contemporáneos: con piezas simples, colores definidos y una lectura menos nostálgica que actualizada.

La clave está en que el azulejo permite sumar carácter sin necesidad de recurrir a gestos estridentes. Un mismo formato puede remitir a una estética retro, pero también verse moderno según el color, la junta y el modo de colocación. Por eso, los diseñadores lo leen como una herramienta flexible más que como una moda cerrada.

Continuidad visual y sensación de amplitud

Uno de los argumentos más fuertes a favor de esta solución es el efecto espacial. Shannon Kadwell, directora de cocina y baño de Anthony Wilder Design/Build, sostuvo que usar el mismo azulejo en la bañera y en otras superficies cercanas, como la ducha o el salpicadero, genera una lectura continua. Esa continuidad reduce cortes visuales y puede hacer que el baño parezca más grande.

El recurso resulta especialmente atractivo en baños pequeños o medianos, donde cada decisión de materialidad incide en la percepción del espacio. Al repetir revestimientos, la mirada no se detiene en límites tan marcados y el ambiente se lee de forma más integrada. Es una estrategia habitual del interiorismo actual, que busca ampliar visualmente sin modificar necesariamente la planta.

La versatilidad también explica su retorno. Molly Purnell, cofundadora del estudio LAUN en Los Ángeles, mencionó que este tipo de bañeras puede funcionar en suites infantiles, baños vinculados a piletas y otros espacios residenciales de usos diversos. Es decir, no se limita a un baño principal ni a una estética única.

Materiales, juntas y mantenimiento: lo que hay que prever

Aunque el resultado puede parecer simple, los especialistas remarcan que la ejecución requiere planificación. Purnell recomienda trabajar con azulejos no porosos y aplicarlos sobre bañeras empotradas o bajo encimera. También advierte que evita ciertos modelos con frente expuesto cuando están hechos en acrílico o resina, porque no ofrecen el mismo desempeño estético.

Otro punto central es la modulación. Antes de colocar las piezas, conviene estudiar cómo van a coincidir las juntas con el piso, las paredes y el sector de la ducha. Una alineación descuidada puede romper la continuidad que justamente se busca lograr. La pastina, además, tiene un rol visual importante, sobre todo cuando se usan baldosas cuadradas: su color, terminación y mantenimiento forman parte de la decisión de diseño.

En algunos casos pueden requerirse retoques cada algunos años, por lo que el atractivo visual debe evaluarse junto con las exigencias de conservación. La tendencia no se apoya solo en la estética, sino también en una buena resolución técnica.

Colores simples para un efecto actual

Entre las opciones mencionadas por los diseñadores aparecen azulejos tipo subway, penny tile, mosaicos y piezas cuadradas clásicas de alrededor de 10 x 10 centímetros. Humphrey destaca este último formato porque conserva una referencia retro sin convertir el baño en una recreación de época. Puede colocarse en trama apilada para una lectura más contemporánea o corrida para un efecto más tradicional.

El color es otro protagonista: desde rosa o azul suave hasta tonos más intensos como merlot o azul marino. La idea, según los especialistas, no es necesariamente combinar muchas texturas, sino apostar por una forma básica y un color con presencia. Así, la bañera revestida vuelve a ganar terreno como una solución con historia, pero con plena vigencia en los baños actuales.