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Conrado Estol, sobre la NUEVA longevidad en edades impensadas: "No hay tercera edad; hay cuarta, quinta y sexta edad"

La posibilidad de vivir cada vez más años plantea un desafío que va mucho más allá de extender la expectativa de vida. Para el médico neurólogo Conrado Estol, el verdadero objetivo de las próximas generaciones debería ser alcanzar edades avanzadas con un buen estado físico y cognitivo, evitando que los últimos años queden marcados por enfermedades, dependencia o pérdida de autonomía.

18 de septiembre de 2026 - 14:11
Conrado Estol, sobre la NUEVA longevidad en edades impensadas: No hay tercera edad; hay cuarta, quinta y sexta edad

Conrado Estol, sobre la NUEVA longevidad en edades impensadas: "No hay tercera edad; hay cuarta, quinta y sexta edad"

La posibilidad de vivir cada vez más años plantea un desafío que va mucho más allá de extender la expectativa de vida. Para el médico neurólogo Conrado Estol, el verdadero objetivo de las próximas generaciones debería ser alcanzar edades avanzadas con un buen estado físico y cognitivo, evitando que los últimos años queden marcados por enfermedades, dependencia o pérdida de autonomía.

El especialista sostuvo que la biología humana está atravesando una transformación que permitirá que las futuras generaciones lleguen a edades que durante mucho tiempo parecieron impensadas. Pero ese escenario también abre una pregunta central: ¿cómo conseguir que esos años adicionales sean vividos con una buena calidad de vida?

En declaraciones recogidas por La Nación, Estol puso el foco precisamente en esa diferencia entre vivir más y vivir mejor. Según explicó, una parte importante de las personas atraviesa los últimos años de su vida con un deterioro significativo de su salud.

Dos tercios de las personas llegan y pasan sus últimos 10 años de vida en mal o muy mal estado de salud”, afirmó el neurólogo, quien utilizó el concepto de “década perdida” para describir ese período.

Frente a este panorama, el especialista planteó modificar la manera en que la sociedad piensa las distintas etapas de la vida. En lugar de establecer una frontera rígida a partir de determinada edad, propuso considerar que existen diferentes momentos dentro de la vejez.

No hay tercera edad, hay cuarta edad, quinta edad, sexta edad”, sostuvo Estol, en una definición que apunta a poner el énfasis en las capacidades de cada persona y no únicamente en el número que figura en su documento.

Los siete pilares que pueden marcar una diferencia

Para Estol, no existe una fórmula mágica para garantizar una longevidad saludable. El cuidado de la salud a largo plazo se construye a partir de diferentes conductas que, sostenidas durante años, pueden contribuir a reducir factores de riesgo y preservar la autonomía.

El neurólogo resumió su propuesta en siete pilares fundamentales: controlar el estrés, mantener los vínculos sociales, dormir correctamente, no fumar, moderar el consumo de alcohol, mantener una nutrición saludable y realizar actividad física.

Controlar el estrés, mantener tus vínculos sociales, dormir de forma correcta, cero cigarrillo, moderar el alcohol, nutrición sana y ejercicio”, enumeró.

La propuesta reúne aspectos relacionados con la salud cardiovascular, el funcionamiento cerebral, el bienestar emocional y las condiciones generales que permiten mantener una vida activa. No se trata, según este enfoque, de incorporar una práctica aislada durante algunas semanas, sino de sostener hábitos saludables como parte de la rutina.

En ese sentido, la longevidad saludable se presenta como un proceso acumulativo. Las decisiones relacionadas con el descanso, la alimentación, el movimiento, las relaciones personales y el consumo de sustancias pueden adquirir una importancia creciente a medida que pasan los años.

El estrés cotidiano y una herramienta que gana protagonismo

Uno de los factores que Estol destacó especialmente es el estrés. La vida cotidiana, explicó, está atravesada por una velocidad cada vez mayor, una exposición permanente a estímulos y una cantidad creciente de dispositivos y pantallas.

El especialista describió ese escenario como un mundo “vertiginoso”, en el que las personas pueden permanecer conectadas durante prácticamente todo el día.

Frente a esa situación, mencionó al mindfulness como una de las herramientas que pueden utilizarse para manejar el estrés cotidiano.

Para el estrés cotidiano, en este mundo vertiginoso, a esta velocidad, con diez pantallas que te rodean, el mindfulness es de las herramientas más útiles”, sostuvo.

El concepto de mindfulness hace referencia a prácticas destinadas a centrar la atención en el momento presente. En términos generales, puede incluir ejercicios de respiración, meditación y observación consciente de pensamientos y sensaciones.

La intención, en este contexto, no consiste simplemente en encontrar unos minutos de relajación, sino en incorporar herramientas que permitan regular la respuesta frente a las exigencias diarias.

Para el especialista, el manejo del estrés debe formar parte de una estrategia más amplia de cuidado. La actividad física, la meditación y la existencia de objetivos personales pueden combinarse para mantener una vida intelectualmente y socialmente activa.

Por qué mantener un propósito también importa

La salud cerebral no depende exclusivamente de resolver crucigramas, aprender listas de palabras o realizar determinados ejercicios cognitivos. Para Estol, mantener una vida activa y con objetivos concretos puede resultar especialmente importante.

La idea de propósito aparece así como otro elemento relacionado con el envejecimiento saludable. Tener proyectos, responsabilidades, intereses y vínculos puede contribuir a que las personas mantengan una participación activa en su entorno.

En esa línea, el neurólogo cuestionó indirectamente la idea de que después de determinada edad comienza una etapa exclusivamente asociada al descanso.

Su argumento apunta a que la edad cronológica no necesariamente determina el nivel de actividad, creatividad o capacidad para desarrollar nuevos proyectos.

Como ejemplo, Estol señaló: “La mayor parte de los startups, de los nuevos negocios exitosos, los empiezan personas mayores de 60 años”.

Más allá del dato puntual mencionado por el especialista, el planteo busca poner en discusión un prejuicio frecuente: la asociación automática entre envejecimiento y pérdida de productividad o iniciativa.

Desde esta perspectiva, seguir aprendiendo, emprender, participar de actividades sociales y conservar intereses personales puede formar parte de una estrategia de envejecimiento activo.

Actividad física: mucho más que una cuestión estética

El ejercicio aparece entre los siete pilares enumerados por Estol. Su importancia no estaría vinculada únicamente con mantener un determinado peso corporal o una apariencia física, sino con conservar capacidades que resultan fundamentales para la autonomía.

A medida que una persona envejece, mantener fuerza, movilidad, equilibrio y resistencia puede tener un impacto directo en su capacidad para realizar actividades cotidianas.

Por eso, dentro de una estrategia de longevidad, el movimiento debe entenderse como una herramienta de mantenimiento de las funciones del organismo.

Caminar, realizar ejercicios de fuerza, practicar actividades aeróbicas o elegir una disciplina acorde a las posibilidades de cada persona son alternativas que pueden formar parte de una rutina.

La intensidad y el tipo de ejercicio, sin embargo, deben adaptarse a las condiciones individuales. El enfoque planteado por Estol se relaciona precisamente con la necesidad de evitar recetas universales para personas con características diferentes.

La alimentación y el papel de las proteínas y la fibra

Otro de los puntos centrales de la propuesta del neurólogo es la alimentación. En particular, Estol resaltó la importancia de incorporar proteínas y fibra como parte de una nutrición adecuada.

Las proteínas tienen un papel fundamental en el mantenimiento de la masa muscular, mientras que la fibra se relaciona con el funcionamiento intestinal y con la microbiota.

La alimentación adquiere una relevancia particular durante el envejecimiento porque las necesidades nutricionales pueden cambiar con el paso de los años.

Por eso, el especialista también cuestionó las restricciones alimentarias aplicadas de manera generalizada. No todas las personas tienen las mismas necesidades ni responden de la misma manera a una determinada estrategia nutricional.

En ese sentido, sostuvo: “La medicina de hoy es una medicina individualizada, es una medicina personalizada”.

La afirmación apunta a una tendencia cada vez más presente en la atención sanitaria: analizar las características particulares de cada paciente antes de establecer recomendaciones.

Esto implica que una alimentación considerada adecuada para una persona puede no ser necesariamente la misma para otra. Edad, actividad física, antecedentes, necesidades nutricionales y tratamientos son algunos de los factores que pueden modificar las indicaciones.

El sueño ocupa un lugar central en la salud cerebral

Dentro de los hábitos mencionados por Estol, el descanso tiene un lugar especialmente relevante. El neurólogo vinculó directamente la falta de sueño con dos grandes problemas de salud: el riesgo cardiovascular y el deterioro cognitivo.

Su advertencia fue contundente: “Dormir menos de 6 horas aumenta el riesgo cardiovascular y demencia”.

El planteo coloca al sueño en un lugar diferente al de una simple pausa necesaria para recuperar energía. El descanso nocturno forma parte de procesos fisiológicos fundamentales y puede tener consecuencias sobre diferentes sistemas del organismo.

La recomendación de prestar atención a la cantidad y calidad del sueño cobra especial importancia en una sociedad en la que las jornadas laborales extensas, el uso permanente de dispositivos electrónicos y los cambios de horarios pueden afectar el descanso.

Por eso, dentro de los siete pilares de Estol, dormir correctamente no aparece como un complemento, sino como uno de los componentes centrales de una estrategia de salud a largo plazo.

El debate sobre los medicamentos para dormir

El especialista también abordó un tema que suele generar dudas entre los adultos mayores: el uso de medicamentos para tratar el insomnio y la ansiedad.

En torno a estos tratamientos existe preocupación por posibles efectos adversos sobre la memoria y las capacidades cognitivas. Sin embargo, Estol planteó que no debería existir un temor generalizado a la medicación cuando esta es indicada y supervisada por un profesional capacitado.

Su posición se centra en distinguir entre el uso médico indicado de un fármaco y la automedicación o utilización prolongada sin controles.

De acuerdo con este enfoque, el tratamiento debe evaluarse de manera individual, teniendo en cuenta la situación particular de cada paciente, los medicamentos que ya utiliza y los posibles efectos secundarios.

La advertencia resulta especialmente importante porque los problemas de sueño pueden convertirse en un círculo difícil de interrumpir: dormir mal puede afectar el rendimiento durante el día y el estado general, mientras que determinadas preocupaciones pueden volver a dificultar el descanso durante la noche.

Nuevos tratamientos y una búsqueda de un sueño más fisiológico

Estol también anticipó la llegada de fármacos de nueva generación destinados al tratamiento de los trastornos del sueño.

Según explicó, estas alternativas apuntarían a intervenir sobre los mecanismos relacionados con el sueño de una manera más cercana a la regulación natural de los ciclos circadianos.

El objetivo sería contar con tratamientos que permitan mejorar el descanso sin reproducir necesariamente los efectos asociados a algunos ansiolíticos tradicionales.

La evolución de este tipo de medicamentos forma parte de una búsqueda más amplia dentro de la medicina: conseguir tratamientos cada vez más específicos y adaptados a las características de cada paciente.

De todos modos, la utilización de cualquier medicación para dormir debe quedar bajo indicación y seguimiento médico, especialmente en adultos mayores, que pueden presentar mayor sensibilidad a determinados fármacos o consumir simultáneamente otros tratamientos.

Una nueva manera de pensar la vejez

El planteo de Conrado Estol no se limita a una lista de recomendaciones. En el fondo, propone cambiar la manera de pensar el envejecimiento.

La pregunta ya no sería solamente cuántos años puede vivir una persona, sino cuántos de esos años puede transitar manteniendo autonomía, vínculos, actividad física, proyectos y capacidades cognitivas.

La diferencia es importante. Una mayor expectativa de vida puede convertirse en una oportunidad si esos años adicionales están acompañados por condiciones adecuadas de salud.

Por eso, la denominada “década perdida” que menciona el neurólogo representa uno de los grandes desafíos de la medicina contemporánea: reducir la cantidad de años que las personas pasan con limitaciones importantes y ampliar el período en el que pueden desarrollar sus actividades con independencia.

Los siete pilares planteados —manejo del estrés, vínculos sociales, sueño adecuado, ausencia de cigarrillo, moderación del alcohol, alimentación saludable y ejercicio— funcionan dentro de esta mirada como componentes de una estrategia integral.

No se trata de buscar una solución extraordinaria ni de esperar que un único hábito transforme el proceso de envejecimiento. El eje está en la constancia y en la adaptación de las decisiones de salud a las necesidades individuales.

Mientras la ciencia avanza hacia una expectativa de vida cada vez mayor, el desafío consiste entonces en conseguir que esa prolongación no esté acompañada necesariamente por una larga etapa de enfermedad y dependencia.

La frase de Estol sobre la existencia de una cuarta, quinta o sexta edad sintetiza esa transformación: la vejez no tiene por qué ser pensada como un único período homogéneo.

Y, en ese escenario, el cuidado de la salud durante toda la vida puede adquirir un papel decisivo para llegar a edades avanzadas con la mayor cantidad posible de capacidades preservadas.

En pocas palabras

  • Longevidad: Médico neurólogo Conrado Estol enfatiza la necesidad de vivir más años con calidad física y cognitiva.
  • Siete pilares: Estol propone controlar estrés, mantener vínculos sociales, dormir bien, no fumar, moderar alcohol, nutrición y ejercicio para una vida saludable.
  • Reenfoque: La vejez se redefine como múltiples etapas (cuarta, quinta, sexta edad), enfocándose en capacidades y no solo en la edad cronológica.
Resumen generado por Thinkindot AI
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