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Daniel López Rosetti: "No somos seres racionales, somos seres emocionales que razonan"

El estrés, el cansancio emocional y los cambios en el estado de ánimo se convirtieron en situaciones cada vez más frecuentes en la vida cotidiana. Las exigencias laborales, los problemas personales, las frustraciones y la dificultad para encontrar momentos de descanso pueden repercutir tanto en el cuerpo como en la mente. Frente a este escenario, distintas herramientas vinculadas con los hábitos diarios cobran importancia, entre ellas una que muchas veces queda relegada: la actividad física.

18 de septiembre de 2026 - 14:22
Daniel López Rosetti: No somos seres racionales, somos seres emocionales que razonan

Daniel López Rosetti: "No somos seres racionales, somos seres emocionales que razonan"

El estrés, el cansancio emocional y los cambios en el estado de ánimo se convirtieron en situaciones cada vez más frecuentes en la vida cotidiana. Las exigencias laborales, los problemas personales, las frustraciones y la dificultad para encontrar momentos de descanso pueden repercutir tanto en el cuerpo como en la mente. Frente a este escenario, distintas herramientas vinculadas con los hábitos diarios cobran importancia, entre ellas una que muchas veces queda relegada: la actividad física.

El médico cardiólogo Daniel López Rosetti se refirió precisamente a este tema y explicó qué lugar ocupa el ejercicio dentro del cuidado de la salud mental. Durante una entrevista en Conversaciones, de LA NACION, el especialista habló sobre la relación entre las emociones, el pensamiento, el estrés y el movimiento corporal.

Uno de los conceptos centrales de su explicación fue que las personas no funcionan únicamente desde la racionalidad. Antes de analizar de manera consciente una situación, interviene un componente emocional que condiciona la manera en que se percibe y procesa lo que ocurre.

No somos seres racionales, somos seres emocionales que razonan”, señaló López Rosetti, al explicar una de las ideas que considera fundamentales para comprender el comportamiento humano.

Desde su perspectiva, esta característica también ayuda a entender por qué determinadas herramientas relacionadas con el cuerpo pueden tener consecuencias sobre el bienestar psicológico. Entre ellas aparece el ejercicio físico, que no debería ser entendido solamente como una estrategia para mejorar la condición cardiovascular o muscular.

Para el especialista, el movimiento también puede formar parte del abordaje de determinados estados emocionales y generar modificaciones que se perciben con el paso del tiempo.

La relación entre las emociones y el funcionamiento del cerebro

López Rosetti planteó que las emociones ocupan un lugar anterior al razonamiento en términos biológicos. Es decir, el ser humano desarrolló mecanismos emocionales mucho antes de poder elaborar racionalmente las experiencias que atravesaba.

Esta característica permite comprender por qué determinados acontecimientos pueden generar respuestas físicas y psicológicas incluso antes de que la persona consiga explicar racionalmente qué está sintiendo.

El estrés, justamente, puede manifestarse de distintas maneras. No siempre aparece como una preocupación claramente identificable. También puede expresarse mediante cansancio, irritabilidad, tristeza, falta de motivación, alteraciones del descanso o una sensación general de agotamiento.

En ese contexto, el ejercicio aparece como una herramienta que puede contribuir a modificar el estado general de la persona.

Sin embargo, el cardiólogo hizo una aclaración importante: los beneficios sobre el cerebro no necesariamente aparecen de un día para otro.

La actividad física requiere cierta continuidad para que sus efectos puedan consolidarse. Por eso, la constancia es un elemento central cuando el objetivo no es solamente mejorar la resistencia física, sino también obtener beneficios relacionados con el bienestar psicológico.

Cuánto tiempo tarda en hacer efecto el ejercicio

Una de las preguntas centrales durante la entrevista estuvo relacionada con el tiempo necesario para comenzar a notar los beneficios del ejercicio sobre la salud mental.

López Rosetti explicó que los cambios no son necesariamente inmediatos, especialmente cuando se habla de cuadros de depresión.

Según detalló, los trabajos científicos citados por el especialista ubican los primeros beneficios significativos en un período aproximado de entre cuatro y ocho semanas.

“Entre un mes y dos meses”, resumió.

La aclaración resulta relevante porque muchas personas pueden abandonar una rutina de actividad física después de pocos días al no percibir una modificación evidente en su estado emocional.

La explicación del médico apunta precisamente en la dirección contraria: la ausencia de un efecto inmediato no significa que la actividad no esté produciendo beneficios.

En determinadas situaciones, el organismo necesita tiempo para adaptarse y generar cambios que posteriormente pueden reflejarse en el estado general.

Por eso, el ejercicio debería pensarse como un hábito sostenido y no como una acción aislada destinada a obtener un resultado instantáneo.

Caminar, correr o levantar pesas: qué ejercicio puede ayudar

Otro de los puntos destacados por López Rosetti fue que no existe una única modalidad de ejercicio asociada con los beneficios sobre el estado de ánimo.

El especialista mencionó tanto las actividades aeróbicas como los ejercicios vinculados con la fuerza y la musculación.

Dentro del primer grupo aparecen alternativas relativamente sencillas como caminar a un ritmo rápido, practicar jogging o realizar otras actividades que eleven la demanda cardiovascular.

Pero también existe otra posibilidad: el entrenamiento de fuerza.

De acuerdo con la explicación del médico, los trabajos publicados muestran que el ejercicio de musculación puede presentar efectos comparables al ejercicio aeróbico cuando se analiza su utilización como parte del abordaje de la depresión.

La diferencia entre ambas modalidades no implica necesariamente que una deba excluir a la otra. Por el contrario, incorporar distintos tipos de movimiento puede permitir trabajar diferentes aspectos de la condición física.

El ejercicio aeróbico puede contribuir al acondicionamiento cardiovascular, mientras que el trabajo de fuerza permite mantener y desarrollar el tono muscular.

Por eso, la recomendación no pasa exclusivamente por salir a correr o caminar, sino por encontrar una forma de actividad física que pueda mantenerse con regularidad.

Los 150 minutos semanales que mencionó el especialista

A la hora de hablar de la cantidad de ejercicio necesaria, López Rosetti hizo referencia a una recomendación ampliamente difundida para la actividad física aeróbica: 150 minutos semanales.

Llevado a una rutina cotidiana, ese número puede parecer más accesible de lo que muchas personas imaginan.

Una manera de distribuirlo consiste en realizar 30 minutos de caminata rápida durante cinco días de la semana.

La clave está en que se trate de una actividad sostenida y realizada con cierta intensidad. No necesariamente implica correr ni realizar una práctica deportiva exigente.

La caminata a ritmo rápido puede convertirse, para muchas personas, en una alternativa posible para incorporar movimiento a la rutina.

Además, dividir el ejercicio en diferentes jornadas puede facilitar la continuidad y evitar que toda la actividad física quede concentrada en uno o dos días.

El objetivo, en este sentido, no es solamente alcanzar una cifra semanal, sino construir un hábito que pueda mantenerse a largo plazo.

Por qué también recomienda trabajar los músculos

La actividad aeróbica no fue el único componente señalado por el cardiólogo.

López Rosetti también destacó la importancia de realizar ejercicios de musculación destinados a mejorar el tono muscular.

El fortalecimiento puede realizarse mediante distintas alternativas y adaptarse a las características de cada persona. El objetivo general consiste en evitar que la actividad física quede limitada exclusivamente al trabajo cardiovascular.

En ese sentido, el especialista utilizó una comparación particularmente contundente al referirse a la dosis de ejercicio.

Siempre es bueno hacer actividad física de musculación, es decir para aumentar el tono muscular. Esa sería la dosis de la medicación”, expresó.

La frase resume la importancia que el médico le asigna al movimiento dentro de una estrategia integral de cuidado.

No se trata de considerar al ejercicio como un reemplazo automático de tratamientos médicos, sino de entender que la actividad física puede tener un papel relevante dentro del cuidado de la salud.

Estrés, frustración y tristeza: no todo estado de ánimo deprimido es depresión

Durante la entrevista, López Rosetti también estableció una diferencia importante entre situaciones emocionales frecuentes y un diagnóstico de depresión clínica.

En la vida cotidiana, una persona puede atravesar días de tristeza, frustración, cansancio emocional o falta de entusiasmo sin que eso signifique necesariamente que tenga un trastorno depresivo.

Las dificultades personales, los conflictos, las preocupaciones económicas, las exigencias laborales o simplemente una acumulación de situaciones estresantes pueden generar un estado de ánimo bajo.

El especialista describió este fenómeno como una situación cada vez más frecuente y mencionó algunos de sus posibles signos: decaimiento, tristeza, dificultad para sonreír, pérdida del disfrute y una sensación de amortiguamiento emocional.

Esta distinción es fundamental porque una cosa es experimentar un período de desánimo y otra diferente es atravesar una depresión clínica diagnosticada, que requiere una evaluación profesional.

El ejercicio puede resultar beneficioso en ambos escenarios, pero los tiempos y el abordaje no necesariamente son iguales.

El efecto puede sentirse antes cuando se trata de desánimo cotidiano

Según explicó López Rosetti, cuando se trata de un estado anímico deprimido relacionado con situaciones vivenciales o con el estrés cotidiano, los efectos positivos de la actividad física pueden aparecer con mayor rapidez.

En estos casos, el movimiento puede convertirse en una herramienta para salir progresivamente de un estado de inmovilidad y recuperar parte de la energía cotidiana.

La diferencia temporal es importante.

Mientras que en la depresión el especialista ubicó los beneficios en un período aproximado de cuatro a ocho semanas, ante un desánimo circunstancial la respuesta puede producirse en cuestión de días.

Esto no significa que una persona deba esperar una determinada cantidad de tiempo para consultar a un profesional si presenta síntomas persistentes. Por el contrario, la duración, la intensidad y el impacto de esos síntomas son elementos relevantes para determinar si hace falta una evaluación médica o psicológica.

El movimiento como parte del cuidado integral

La idea que atraviesa la explicación de López Rosetti es que cuerpo y mente no funcionan como compartimentos separados.

Una modificación en los hábitos físicos puede repercutir sobre el bienestar general y, al mismo tiempo, determinados estados emocionales pueden tener consecuencias sobre el cuerpo.

Por eso, incorporar actividad física a la rutina puede formar parte de una estrategia más amplia que también incluya descanso adecuado, alimentación, vínculos sociales y atención profesional cuando sea necesaria.

El ejercicio tampoco tiene que convertirse necesariamente en una práctica deportiva competitiva. Caminar, fortalecer los músculos o sostener una rutina activa pueden ser formas de incorporar movimiento.

La posibilidad de elegir una actividad compatible con las preferencias y condiciones de cada persona puede ser determinante para mantenerla en el tiempo.

En definitiva, el planteo del cardiólogo apunta a cambiar la manera en que se piensa el ejercicio: no solamente como una herramienta para bajar de peso, aumentar la resistencia o cuidar el corazón, sino también como un recurso que puede contribuir al bienestar emocional.

“El movimiento es un medicamento”

Hacia el final de su explicación, López Rosetti sintetizó su postura con una frase que resume buena parte de su planteo: “El movimiento es un medicamento”.

La expresión busca destacar el valor terapéutico que puede tener la actividad física cuando se incorpora de manera regular.

Para alguien que atraviesa estrés, frustración o un período de desánimo, salir a caminar, realizar ejercicio aeróbico o trabajar la fuerza puede convertirse en una herramienta más dentro de la rutina.

En el caso de la depresión clínica, en cambio, la actividad física no debe entenderse como un sustituto de la evaluación ni del tratamiento profesional, sino como una práctica que puede formar parte de un abordaje integral.

El mensaje central del especialista se relaciona entonces con la continuidad. Los beneficios no necesariamente aparecen después de una sola sesión, pero la acumulación de actividad puede generar cambios que se vuelven más perceptibles con el tiempo.

La recomendación mencionada durante la entrevista contempla 150 minutos semanales de actividad aeróbica, distribuidos, por ejemplo, en cinco sesiones de media hora de caminata rápida, además de ejercicios destinados al fortalecimiento muscular.

En un contexto marcado por el estrés y las exigencias cotidianas, el movimiento puede convertirse así en una herramienta accesible para cuidar la salud integral.

La explicación de López Rosetti parte de una idea sencilla: las emociones forman parte de la experiencia humana y el cuerpo también participa de ellas. Por eso, mantenerlo activo puede tener efectos que van mucho más allá de lo estrictamente físico.

El ejercicio, en definitiva, no elimina por sí solo los problemas que generan estrés ni reemplaza la atención de especialistas cuando existe una enfermedad. Pero, incorporado de manera sostenida y adaptado a las posibilidades de cada persona, puede ser un componente importante de una estrategia destinada a cuidar tanto el cuerpo como la salud mental.

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