Sin embargo, aquella experiencia también habría sido determinante para su futuro. A medida que empezó a tomar contacto con la exposición pública, Juan entendió que ese no era el tipo de vida que quería para él y decidió correrse de ese lugar.
Con el tiempo, se instaló en Córdoba y construyó allí su propia vida, con su familia, su hija y distintos proyectos personales. La elección significó tomar distancia de las cámaras y de la popularidad que inevitablemente heredó por ser hijo de una de las figuras más reconocidas del espectáculo argentino.
Para Georgina Barbarossa, ese camino representa una satisfacción especial. Su hijo logró encontrar un lugar propio, lejos de la exposición y de las exigencias del ambiente artístico, algo que también comparte, aunque con sus propias características, con su hermano Tomás.
A pesar de ser mellizos y haber nacido con apenas dos minutos de diferencia, la conductora siempre remarcó que tienen personalidades muy distintas. Según contó, Juan es más reservado y de carácter seco, mientras que Tomás es mucho más afectuoso.
Así, mientras Georgina continúa siendo una figura habitual de la televisión argentina, sus hijos eligieron mantenerse en un segundo plano y construir sus propias historias lejos de la fama. En particular, Juan encontró en Córdoba el escenario para llevar adelante una vida más íntima, vinculada a su familia, sus proyectos y la naturaleza.