Cachy era un caniche de la familia Montoya, que se encontraban de vacaciones. El perro estaba al cuidado de un vecino y mientras jugaba en el balcón del piso 13, nadie supo de qué manera ni cómo hizo para atravesar el hueco de la baranda y desplomarse al vacío. El perro se cayó encima de la señora Espina, que recibió el impacto del animal sobre su cabeza y falleció en el acto, al igual que Cachy. De inmediato, la gente que transitaba por el lugar corrió para ver qué era lo que estaba sucediendo.
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El insólito accidente de Caballito en los medios internacionales.
Sin embargo, ahí no termina la historia. A veces la vida está llena de imponderables y Edith Solá, de 46 años, es un fiel reflejo de cómo todo puede cambiar en una milésima de segundos. Edith se dejó llevar por la curiosidad de todo lo ocurrido y cruzó apurada la avenida Rivadavia. De inmediato, la mujer fue arrollada por un colectivo de la línea 55 que circulaba por allí. El accidente de Cachy producía otra muerte más en Caballito.
Pero la historia ni las víctimas tampoco finalizan ahí. Hubo una tercera persona que falleció en ese insólito episodio. Las crónicas de ese tiempo indican que se trató de un hombre que sufrió un ataque cardíaco al ver toda la totalidad del episodio desarrollado en Rivadavia y Morelos. El hombre finalmente falleció en la ambulancia camino al hospital.
Una caída de un perro y una extraña secuencia: una trágica historia que aún se recuerda en Caballito.