Historia de supervivencia

Aron Ralston: el montañista que estuvo atrapado 127 horas y sobrevivió para contarlo

Una roca le aplastó su brazo derecho en 2003. Luchó cinco días, pero le resultó imposible. Se vio obligado a tomar una decisión extrema y se cortó su brazo con una navaja. "Es tu elección ver la roca como una tragedia o como un regalo", reflexionó tiempo después.
Marcos Marini Rivera
por Marcos Marini Rivera |
Aron Ralston: el montañista que estuvo atrapado 127 horas y sobrevivió para contarlo

De repente, lo inesperado: una roca de 90 kilos cae sobre su antebrazo derecho y lo aplasta. En la escena hay gritos, mucho dolor y también un deseo desesperado por vivir.

Aron es su nombre; Ralston su apellido. Fue la persona que se diseñó a sí mismo una lucha a contrarreloj por sobrevivir. Durante cinco días intentó sacar su brazo de la piedra. Lo probó de todas las formas y estrategias posibles, pero la roca siempre lo venció. Trató de levantarla y de romperla, y al no conseguirlo, la desesperación comenzó a gobernar su cuerpo y a su cabeza.

La decisión que tenía que tomar era drástica, la delgada línea de vivir o de morir ya le hacía ecos en su mente. Después de 127 horas, decidió amputarse el brazo y gritarlo todo, gritarlo fuerte y aguantar el dolor. Y también de ver sangre, mucha.

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Aron Ralston se amputó un brazo para seguir viviendo

Aron Ralston se amputó un brazo para seguir viviendo

Cortarse el brazo para sobrevivir

Se aplicó un torniquete para no perder más sangre y continuar en pie. Después de eso, tenía que trasladarse 27 kilómetros al lugar donde estaba su vehículo. Con el anclaje de su equipo de escalada consiguió descender del lugar donde estaba y caminó despacio con la esperanza de encontrar ayuda. En la zona sobrevolaba un helicóptero del servicio médico de Utah que lo localizó.

Antes de esa historia, Aron tuvo una vida tranquila. Nació en 1975, en Ohio, Estados Unidos. Primero se graduó en Ingeniería Mecánica, después estudió francés y en sus ratos libres tocaba el piano. Amaba la montaña y el aire libre, y fue ese amor el que lo impulsó a dejar su trabajo de ingeniero en la empresa Intel para dedicarse a la escalada.

El 26 de abril de 2003, el día del accidente, Aron Ralston tenía 27 años y quería convertirse en instructor de montañismo. Vivía en Aspen, en Colorado. Y tenía una ambición personal: hacer cumbre en todas las montañas de más de 4.000 metros de Colorado. Ese día manejó su camioneta hasta el Parque Nacional Tierra de Cañones y luego siguió en soledad con su bicicleta. Nadie de su familia sabía dónde estaba. Aron no le contó a nadie sus planes y sabía no lo estaban buscando.

El momento del accidente

Cuando la roca lo aplastó tan firme, todos sus dedos se entumecieron. Después vinieron 127 horas de incertidumbre. Para seguir con vida, Aron tomaba pequeños sorbos de agua mientras trataba de sacar su brazo. Sin embargo, los minutos pasaban y se quedó sin agua. Bebió de su propia orina, pasó hambre y frío. Resistió a fuertes tormentas pero también se alegró cuando apenas 15 minutos de sol al día entraban por un diminuto espacio. Había perdido casi 20 kilos, estaba deshidratado, entumecido y hambriento.

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Una vez recuperado, Ralston siguió escalando.

Una vez recuperado, Ralston siguió escalando.

En un momento de divague, tal vez porque su cuerpo ya estaba mostrando grandes muestras de deshidratación, construyó su propia muerte. Talló su nombre, su día de nacimiento y la presunta fecha de su fallecimiento en la pared de la piedra. Y también grabó un vídeo despidiéndose de su familia.

Su afán aventurero y sus deseos de estar al aire libre le hicieron enfrentarse a los mayores retos.

El momento de la liberación

"Pronto me di cuenta de que tendría que cortar mi brazo para liberarme, pero también había una resistencia en mí que no quería hacerlo. El cuchillo estaba muy desafilado para atravesar el hueso. Todo lo que podía hacer era resistir hasta el final", reconoció tiempo después.

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Después de liberarse, se vio obligado a beber de un charco de agua sucia. El brazo fue retirado debajo de la roca y recuperado por las autoridades del parque. Ralston se animó y regresó a la escena del accidente seis meses después, justo en el día de su cumpleaños. La principal razón era esparcir en esa geografía las cenizas de su brazo derecho.

Cuando le preguntaron cuál era su necesidad de estar siempre en contacto con la montaña y de exponer su cuerpo al límite, Aron recuerda: “En medio de la naturaleza yo encontraba satisfacción. Pararme en un lugar donde pensé que era imposible llegar, me hacía sentir de una manera única. Había una necesidad de ego, tenía grandes ambiciones y quería saber de qué estaba hecho”.

La historia de Aron Ralston fue relatada en "127 horas", película protagonizada por James Franco y dirigida por Danny Boyle. El film finaliza con las imágenes del verdadero Aron Ralston el día del terrible accidente.

Vivir o morir

Cuando estaba atrapado, tuvo una alucinación. Pudo verse a sí mismo jugando con un niño al que agarraba con su brazo izquierdo. Su brazo derecho, sin mano, lo usaba para mantener el equilibrio. Y esa imaginación lo cambió todo. En ese momento supo que podía vivir, que quería vivir, y para ello tenía que amputarse el brazo. En un acto de valentía, y también de locura, rompió sus huesos y se liberó con una navaja sin filo. Se fabricó un torniquete y caminó 12 kilómetros para encontrar ayuda.

“Estaba contento de haber sobrevivido, pero sabía que iba a ser difícil. Tuve muchas cirugías, dolor, terapias. No podía ir al baño solo. Había progresos, venía otra cirugía y volvía a empezar de cero, era deprimente. Durante la recuperación volví a pensar en el suicidio, pero mi familia y mis amigos me distraían”.

Una vez conocida su historia, Aron recibió cientos de mensajes de todo el mundo que lo felicitaban por su coraje y le decían que era una fuente de inspiración. “Comprendí que esta no era una historia para mí y mis amigos. Entendí que no era una tragedia, sino un regalo que iba a compartir. De alguna manera es lo más grande que me ha pasado en la vida”.

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"Es tu elección ver la roca como una tragedia o como un regalo", reflexionó Ralston.

El valor de la adversidad

Aron Ralston todavía comparte sus experiencia en diferentes empresas y organizaciones. Muchos lo ven y lo toman como modelo de superación. “Mientras haya adversidad, necesitamos de ejemplos que la hayan vencido. Eso espero entregar en mis charlas. Podemos tomar nuestras rocas y transformarlas en bendiciones. Es tu elección ver la roca como una tragedia o como un regalo. A veces hasta yo me pregunto: ‘¿de verdad hice eso?”, es una de las tantas reflexiones que deja Ralston en sus charlas.

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Convencido de que siempre existirán obstáculos, Ralston los reconoce. "Me divorcié, estuve deprimido, se suicidaron algunos amigos, se murieron mis abuelos. La clave es el significado que le damos a la adversidad”.

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