Antes de que Soledad conquistara los grandes escenarios, su papá ya estaba convencido de que sus hijas podían abrirse camino en la música. Mecánico de profesión, Omar trabajó durante décadas en su taller de Arequito, Santa Fe, pero también se convirtió en una pieza fundamental de los primeros pasos artísticos de Soledad y Natalia.
Cuando eran chicas, las llevaba a festivales y peñas de la zona, incluso cuando eso implicaba esperar hasta altas horas de la noche para que pudieran cantar frente al público. Su confianza fue mucho más allá de las palabras: estuvo dispuesto a hacer sacrificios y buscar oportunidades para que ambas pudieran desarrollar su talento.
Durante una recorrida por su pueblo natal junto a Cristina Pérez, en el programa Camino a casa, la cantante volvió al taller de su papá y recordó todo lo que hizo por ella.
“Él fue el único que confió en nosotras desde el principio por su convencimiento. Pidió hasta autos prestados para llevarnos a lugares. Siempre fue mi refugio, mi lugar seguro. Corría hacia él cuando me pasaba algo y le debo lo que soy, sin dudas”, contó.
La artista también recordó que, durante sus primeros años, colaboraba con el negocio familiar y hacía cobranzas casa por casa. Una faceta menos conocida de su historia, anterior a la popularidad y a los escenarios multitudinarios.
Entre los recuerdos más significativos de aquellos comienzos hay una historia que refleja hasta dónde llegó Omar para ayudar a su hija.
En diciembre de 2024, Soledad contó que el contrato con Sony Music establecía que debían venderse 5.000 copias de su primer disco, Poncho al viento, para que el acuerdo continuara. Ante ese desafío, su papá decidió involucrarse personalmente.
Con dinero prestado y a bordo de un Fiat Uno, viajó a Buenos Aires para comprar discos y después comenzó a distribuirlos en estaciones de servicio y disquerías, especialmente en lugares donde su hija ya era conocida por sus presentaciones.
También recurrió al ingenio: ofrecía pósteres para las vidrieras de los comercios a cambio de que exhibieran el álbum. En dos viajes consiguió vender las 5.000 copias necesarias para sostener el contrato discográfico.
“Mi papá leyó en el contrato que había que vender 5 mil discos para mantener el acuerdo”, recordó la cantante en La Divina Noche de Dante.
Aquel episodio dejó en evidencia que el talento no siempre alcanza por sí solo: detrás de los primeros pasos de La Sole hubo esfuerzo, perseverancia y un padre dispuesto a apostar por el sueño de su hija.
Aunque Soledad alcanzó una enorme popularidad, siempre se ocupó de destacar el lugar de Natalia en la historia familiar y el apoyo que ambas recibieron de sus padres.
“Ha sido un padre que confió en sus hijas, porque ha sido muy justo con las dos”, señaló al hablar de Omar y de la relación que construyeron como familia.
En noviembre de 2025, cuando volvió al taller de su papá, la cantante resumió en pocas palabras lo que él representa en su vida: “Siempre fue mi refugio, mi lugar seguro”.
Hoy, frente al deterioro cognitivo que atraviesa Omar, esas palabras adquieren una dimensión todavía más emotiva. Con Mi refugio, Soledad encontró una manera de poner en canciones el amor, la gratitud y los recuerdos compartidos con el hombre que confió en ella desde el comienzo.