Según contó la propia actriz, esa secuencia fue dejada para el final de la filmación y tuvo una preparación especial para poder llevarla adelante. “El asesinato fue lo último que grabamos. Ellos lo planearon así, que me pareció muy bueno”, relató Margarita sobre la decisión del equipo de producción.
Antes de filmar la escena definitiva hubo ensayos y un trabajo específico con un coach de movimiento. Pero cuando llegó el momento de poner el cuerpo por primera vez, la actriz vivió una situación inesperada. “En el ensayo, que fue la primera vez que pusimos el cuerpo, a mí me pasó algo muy fuerte. La primera vez que caí me desvanecí porque fue como: qué fuerte que yo me puedo levantar, pero que ellas no pudieron”, contó.
La escena incluía además efectos especiales, sangre y la representación de los disparos, elementos que hicieron todavía más impactante la experiencia.
“Fue muy violento. Después, en la grabación también, pero fue más técnica porque ya había puesto el cuerpo”, explicó. Pero hubo otro detalle que hizo todavía más difícil el momento. Para interpretar a Barreda, Luis Machín debía utilizar una escopeta como parte de la escena, por lo que Margarita tenía al actor frente a ella durante las distintas tomas.
“Cada vez que grabábamos la escena tenía a Luis haciéndome de referencia con la escopeta. Entonces, cada vez que en mi plano yo tenía que gritar, Luis estaba ahí”, recordó. Y la secuencia debía repetirse una y otra vez.
“Era repetirlo, repetirlo. Y Luis apuntándome así era como: ‘Uy, qué fuerte’”, contó la actriz. Más allá de la dificultad técnica, Margarita explicó que lo que más la movilizó fue la contradicción entre la vida cotidiana de las mujeres y el destino que finalmente tuvieron.
“Fue muy fuerte todo, porque la incomodidad de la cotidianidad de ellas, alejadas del asesinato...”, reflexionó sobre la experiencia de interpretar esos últimos momentos.
Margarita creció rodeada de artistas. Es hija de Fito Páez, uno de los músicos más importantes de la Argentina, y de Romina Ricci, reconocida actriz. Sin embargo, decidió comenzar a construir su propio recorrido dentro del mundo artístico.
Antes de llegar al cine, tuvo experiencias vinculadas al teatro, pero “Barreda” representa un salto importante en su carrera. A sus 22 años, tuvo que enfrentarse a un personaje especialmente complejo: una joven de 24 años asesinada por su propio padre.
La producción, además, propone alejarse de una mirada exclusivamente centrada en el asesino para recuperar la historia de las mujeres que fueron víctimas del crimen. Y para Margarita, interpretar a Adriana significó mucho más que aprender un guion. Tuvo que recrear con su propio cuerpo una de las escenas más violentas del caso, algo que, según sus propias palabras, la afectó desde el primer ensayo.
El resultado ya puede verse en Prime Video, donde la película recupera uno de los episodios policiales más recordados de la historia argentina y pone nuevamente en primer plano a las víctimas.