Trasladado al lenguaje de las redes, “farmear aura” funciona como una metáfora: es hacer cosas que, en teoría, aumentan ese puntaje imaginario de carisma o presencia. Puede ser una pose, un gesto, una reacción rápida, una forma de caminar o simplemente la capacidad de no perder la compostura cuando todos están mirando.
Las llamadas batallas de aura llevan ese sistema simbólico al plano presencial. Quienes participan se enfrentan ante un público y buscan generar una reacción: pueden improvisar movimientos, sostener una actitud desafiante o mostrar seguridad. La clave está menos en una destreza técnica y más en lo que transmiten.
El Murialdo tuvo su propio campeonato
En el colegio Murialdo, la dinámica encontró una versión escolar. Los estudiantes participaron de una competencia interna en la que el objetivo era demostrar quién lograba proyectar más “aura” frente a sus compañeros. En ese contexto, mantener la seriedad, sostener el personaje y no quebrarse ante la mirada del público formaron parte del juego.
La escena muestra cómo una broma nacida en redes puede pasar rápidamente al mundo real. Lo que empezó como una forma irónica de calificar situaciones cotidianas ahora se transforma en desafíos con participantes, espectadores y premios simbólicos o concretos, según cada evento.
Maipú prepara una versión abierta
Después de la experiencia interna del Murialdo, el fenómeno tendrá una convocatoria más amplia en Mendoza. Este viernes 21 de agosto, desde las 17.30, se realizará una competencia de “auras” en la plaza departamental 12 de Febrero, en Maipú.
La actividad será abierta y gratuita, organizada por la agrupación Estudiantes por Maipú. Quienes quieran participar como competidores deberán inscribirse previamente. La propuesta apunta a reunir jóvenes para demostrar presencia, estilo, carisma e improvisación frente al público, con premios para quienes acumulen más “aura”.
La llegada de estas competencias a Mendoza confirma el recorrido típico de muchas tendencias actuales: nacen en comunidades digitales, se vuelven código compartido entre adolescentes y, en poco tiempo, terminan ocupando espacios físicos como colegios, plazas y encuentros juveniles.