A pesar de su fama, no es común verlos. Son animales solitarios, territoriales y de hábitos reservados, que suelen mantenerse en zonas profundas de la selva. También presentan actividad durante la noche, con momentos de mayor movimiento al amanecer y al atardecer, mientras que durante el día tienden a descansar.
Por qué se lo considera peligroso
El casuario no suele buscar el contacto con las personas. De hecho, su comportamiento habitual es esquivo. Sin embargo, puede reaccionar con violencia si se siente amenazado, especialmente durante la etapa de cría. En esas situaciones puede atacar usando el casco, dando patadas con sus patas fuertes o recurriendo a su arma más temida: las garras.
La garra central tiene forma de daga y es uno de los motivos por los que este animal genera tanta cautela entre quienes conocen su comportamiento. En videos grabados en zonas cercanas a playas o áreas naturales de Australia, algunos ejemplares se acercan a humanos, lo que suele despertar sorpresa en turistas y usuarios de internet. La recomendación, ante un encuentro así, es mantener distancia y no intentar interactuar.
El rol clave del casuario en la selva
Más allá de su aspecto intimidante, el casuario cumple una función ecológica fundamental. Su alimentación se basa sobre todo en frutas caídas, aunque en ocasiones puede consumir pequeños animales. Al digerir esas frutas y desplazarse por grandes extensiones, ayuda a dispersar semillas de más de 200 especies de plantas.
Por ese motivo se lo conoce como uno de los grandes “jardineros” de la selva. Su presencia contribuye a la regeneración del ambiente y al mantenimiento de la biodiversidad en los territorios donde vive.
Otro dato particular es su forma de crianza. En esta especie, la hembra pone huevos de un color verde brillante y luego se marcha en busca de otros machos. El padre queda a cargo de incubarlos durante unos 50 días y después cría a los polluelos sin ayuda.
Con su cabeza azul, su casco distintivo, sus vocalizaciones graves de baja frecuencia y una presencia que remite a otro tiempo, el casuario combina belleza, misterio y peligro. No es un dinosaurio, pero alcanza con verlo caminar para entender por qué tantos lo describen como una de las aves más prehistóricas que sobreviven en la actualidad.