Fue entonces cuando decidió iniciar un tratamiento con una nutricionista para cambiar sus hábitos. Lo que no imaginaba era que el recorrido sería mucho más complejo que modificar las cantidades de comida o dejar de consumir determinados alimentos.
Bonadeo llegó a la primera consulta con temor a las restricciones. Su idea era que debía someterse a una dieta extrema y no estaba dispuesto a pasar hambre. Por eso, según contó, fue directo desde el primer momento: “Le dije de entrada que si me daba 200 calorías por día yo me iba”.
Sin embargo, la propuesta fue diferente. El tratamiento apuntaba a modificar su alimentación de manera progresiva, sin prohibiciones absolutas y con herramientas que pudiera sostener en el tiempo.
El mayor desafío, según reconoció, estuvo en su relación con la comida. “Yo en ese momento todavía no había entendido que me había comido a algo o alguien. Fue un proceso psicológico muy jodido”, expresó al recordar esa etapa.
A partir de allí, comenzó a incorporar nuevas costumbres y a prestar atención a cómo armaba sus platos. Uno de los ejemplos que compartió fue una forma de combinar alimentos sin tener que eliminar por completo aquellos que disfrutaba.
“Me enseñaron que podés comer pasta, pero con la mitad del plato con ensalada”, explicó.
También recordó que el tratamiento no implicaba despedirse para siempre del chocolate ni de sus gustos personales. “Me dijeron que no me iba a quedar sin comer chocolate, pero que me iba a ganar el derecho de comerlo”, contó.
Con el paso del tiempo, esos cambios se reflejaron en la balanza. Bonadeo logró bajar más de 60 kilos, una transformación que atribuyó tanto al tratamiento como a la respuesta de su propio organismo.
“Tuve suerte con mi metabolismo porque, sin aditivos, bajó más de 60 kilos”, afirmó. Además, detalló la velocidad con la que comenzó a notar los resultados: “La mayoría fueron en los primeros meses: entre octubre y marzo bajé 20”.
Los primeros avances lo motivaron a continuar, aunque dejó en claro que el proceso no terminó cuando alcanzó ese descenso. “Eso te motiva, el proceso es constante”, sostuvo.
En su charla con Pergolini, el periodista puso el foco en una parte de su historia que va más allá de la transformación física: la necesidad de revisar hábitos, cambiar la manera de comer y sostener esas decisiones a lo largo del tiempo.