Ante el silencio absoluto, el amigo derribó la puerta junto a personal del edificio. Gabriel apareció tirado boca abajo en la cocina. El informe policial indicó que tenía el rostro enrojecido y rastros de sangre, aunque no se detectaron signos de violencia ni indicios de un robo o pelea.
La escena abrió múltiples interrogantes. Peritos forenses encontraron distintos medicamentos dentro del departamento, entre ellos posibles esteroides anabólicos, que fueron secuestrados para ser analizados. La causa quedó caratulada como “muerte sospechosa” mientras esperan los estudios definitivos del Instituto Médico Legal.
En sus redes sociales, Ganley había hablado abiertamente sobre el uso de hormonas. Durante años se mostró como defensor del culturismo natural, pero en 2024 reconoció que había comenzado a utilizar esteroides para potenciar su físico y mejorar su rendimiento competitivo.
Su transformación física y sus rutinas extremas le dieron una enorme popularidad en internet. Tenía alrededor de 1,7 millones de seguidores en Instagram y casi 400 mil suscriptores en YouTube, donde compartía entrenamientos, dietas y consejos sobre musculación.
Sin embargo, detrás del fenómeno digital había una presión cada vez mayor por alcanzar un cuerpo perfecto. Gabriel entrenaba intensamente y estaba enfocado en una competencia prevista para julio, objetivo que —según personas de su entorno— se había convertido en una obsesión.
La madre del influencer declaró ante la Policía que había hablado con él por última vez el jueves por la noche y aseguró que no conocía antecedentes cardíacos en la familia. Tras recibir la noticia, viajó inmediatamente a San Pablo.
Antes de convertirse en figura del fitness, Gabriel también había alcanzado notoriedad en otro universo completamente distinto: el competitivo mundo de Pokémon. Fue uno de los mejores jugadores de Latinoamérica y llegó a participar en un torneo mundial en Estados Unidos.