La pareja se vio obligada a renunciar a sus vacaciones, siendo llevados por el aeropuerto y interrogados por el Control Fronterizo, una experiencia que Helen describió como "absolutamente una locura" y "ridícula". Se preguntó por qué no se le proporcionó ayuda médica si no estaba en condiciones de volar y criticó la falta de asistencia para bajar del avión y manejar su equipaje.
Jet2 emitió una disculpa a Helen y confirmó que le reembolsarían el costo de sus vacaciones como un gesto de buena voluntad. A pesar de esto, Helen expresó su frustración por la situación y afirmó que esperaba que este incidente llevara a Jet2 a reconsiderar sus políticas y procedimientos para evitar que otros pasajeros pasen por una experiencia similar.
Este incidente plantea preguntas sobre el equilibrio entre la seguridad de los pasajeros y la comprensión de las condiciones médicas individuales, poniendo de manifiesto la importancia de la sensibilidad y el entendimiento por parte del personal de la aerolínea al tratar con situaciones médicas complejas en el futuro.