Sin embargo, no existen fundamentos para afirmar que ser therian sea, por sí mismo, un trastorno mental. En términos generales, esta identidad no se considera una enfermedad, sino una forma particular de vivirse a uno mismo. La clave está en que, a diferencia de los cuadros psiquiátricos más graves, los therians no suelen perder contacto con la realidad: saben que son humanos, pero sienten un vínculo emocional o simbólico con una especie animal.
En algunos casos, esta identificación puede aparecer durante la adolescencia como parte de una búsqueda de identidad, algo común en esa etapa de la vida. También puede surgir como una forma de afrontamiento ante situaciones difíciles o traumas, ya que adoptar una identidad animal puede funcionar como un refugio emocional. Aun así, esto no implica necesariamente una patología, sino una respuesta subjetiva que cada persona vive de manera distinta.
El boom de los therians sigue creciendo, especialmente en plataformas como TikTok y X, donde el fenómeno genera curiosidad, rechazo y discusiones constantes. Mientras algunos lo ven como una expresión personal legítima, otros lo interpretan como algo preocupante. Lo cierto es que, más allá de las opiniones, el fenómeno existe, se expande y plantea un debate que mezcla identidad, juventud, redes sociales y salud mental, aunque no haya pruebas reales de que se trate de una enfermedad.