"Ningún urólogo pudo encontrar algo malo en mi vejiga, a pesar del dolor constante. Consumí antibióticos de vez en cuando durante todo este tiempo. Hasta me decían que desafortunadamente que era parte de su composición biológica", suma.
Carrie cuenta que su vejiga es tan sensible a la comida que a veces ayunaba durante días por miedo al dolor. Experimentó cambios importantes en su estilo de vida y gastó cientos de libras en suplementos naturales. "Mi vejiga se sentía como una bola de boliche mientras que mi uretra estaba en llamas. Vivo una pesadilla", afirmaba con resignación.
Los problemas afectaron severamente su vida, con consultas cada vez más frecuentes a los médicos. Además de antibióticos, también tomó bloqueadores nerviosos, antiinflamatorios y opioides. Pero no había resultados positivos.
"Estar de pie durante mucho tiempo, como ducharse o cocinar, era difícil. A menudo estaba postrada en la cama por el dolor. Caminar cualquier distancia significaba depender de ayudas para la movilidad. Ir de compras o ir al cine con amigos me hacía pensar en el baño. ¡Quería llevar un baño portátil a todas partes!", refleja.
Otro aspecto clave en la vida cotidiana de Carrie tiene que ver con la intimidad de pareja. "Aún no puedo tener sexo con penetración con mi pareja debido al dolor. Con Shaun, de 26 años, nos conocimos en un concierto en 2019", explica. Y agrega: "En nuestra primera cita no mencioné nada sobre mi salud, pero cinco días después me hice la laparoscopia y me diagnosticaron endometriosis . Me trajo flores, fue una dulzura".
A principios de 2020, cuando tenía 23 años, sus síntomas se volvieron crónicos. "Son 24 horas al día, 7 días a la semana e implacables, después de que me desperté con una ITU y los síntomas nunca desaparecieron", confirma. Los antibióticos habían dejado de funcionar, no podía dormir ni comer y tenía quemaduras en la parte interna de los muslos debido a bolsas de hielo.
"Debo orinar hasta 30 veces al día, junto con el dolor pélvico y lumbar crónico. Sangre en la sangre en la orina y retención. A pesar de estar en agonía, las pruebas daban negativo para la infección cada vez que iba al médico de cabecera", se sigue lamentando.
En septiembre de 2020 fue Urgencias con el peor dolor imaginable, "orinando un vaso cada 10 minutos". Para variar, le decían que no tenía una infección y la enviaban a su casa con antiinflamatorios. Y fue la desesperación que la llevó a encontrar en internet especialistas en Londres.