“Solo en Kenia, más de 500.000 personas tienen problemas de movilidad, y otros 10 millones en África subsahariana. El 90% de estas personas no pueden permitirse comprar sillas de ruedas existentes. De los adultos, el 60% no trabaja y de los niños, el 55% no termina la escuela primaria. Además, las sillas de ruedas existentes no son adecuadas para el terreno local, se rompen fácilmente y son difíciles de reparar”, destaca en su propósito SafariSeat.
Las sillas que Janna Deeble construye tienen la particularidad de ser resistentes a los lugares rocosos y también a los desniveles en el suelo, característica de algunas zonas en países con poco desarrollo urbano.
Esta iniciativa no solo ayuda a personas con movilidad reducida sino que también da trabajo a decenas de personas en sectores empobrecidos de África. La idea de Deeble es que este proyecto se replique en países en vías de desarrollo.