Para comprender su origen, es necesario entender el funcionamiento de las venas, encargadas de devolver la sangre desde las extremidades hacia el corazón. En las piernas, este proceso supone un desafío constante a la gravedad y depende de un sistema de válvulas que permite que la sangre avance en una sola dirección.
Estas válvulas se cierran después de cada impulso de sangre para evitar que retroceda. Las várices aparecen cuando ese mecanismo se debilita o falla. Como consecuencia, la sangre desciende y se acumula dentro de la vena, que comienza a dilatarse y pierde su forma habitual.
Entre los factores que favorecen su aparición se encuentran el sedentarismo, la obesidad, el embarazo y la inflamación crónica asociada a alteraciones metabólicas y niveles elevados de triglicéridos. Cuando no reciben tratamiento, las várices pueden provocar dolor, hinchazón, úlceras e incluso trombosis venosa debido al estancamiento sanguíneo.
Cómo combatir las várices
En uno de sus videos de YouTube, el médico Carlos Jaramillo explica cuáles son los cinco pilares fundamentales para prevenir las várices y favorecer una mejor circulación sanguínea.
Alimentación antiinflamatoria: el primer paso, según explica, consiste en eliminar aquellos hábitos que favorecen la inflamación, como el consumo frecuente de ultraprocesados, azúcares y aceites vegetales industriales.
También recomienda incorporar alimentos ricos en flavonoides y antioxidantes, presentes en arándanos, té, cacao, cítricos y espinacas, ya que contribuyen a fortalecer las paredes de las venas. A esto se suma la importancia de consumir suficiente fibra para mantener una microbiota saludable y reducir la inflamación sistémica.
Movimiento y ejercicio: la circulación no depende únicamente del trabajo del corazón. Los músculos de las piernas, especialmente los gemelos, funcionan como una bomba natural que ayuda a impulsar la sangre hacia arriba.
Por ese motivo, Jaramillo aconseja realizar al menos 30 minutos diarios de actividad física, ya sea caminar, nadar o entrenar con pesas. También recomienda evitar permanecer sentado o de pie durante períodos prolongados. Como alternativa sencilla, propone realizar pequeñas series de sentadillas a lo largo de la jornada laboral.
Hidratación adecuada: mantener una correcta hidratación favorece la fluidez de la sangre y reduce el riesgo de formación de coágulos. Según explica el médico, el consumo de agua acompañada por electrolitos como sodio, potasio y magnesio puede resultar beneficioso para la circulación.
Además, menciona que algunas infusiones, como el té verde y el té de hibiscus, cuentan con propiedades que favorecen la salud vascular.
Higiene postural: otro aspecto importante es evitar posturas que dificulten el retorno venoso. Cruzar las piernas durante largos períodos puede afectar la circulación y favorecer el estancamiento sanguíneo.
Cambiar de posición con frecuencia y elevar las piernas durante los momentos de descanso son hábitos simples que ayudan a mejorar el flujo de sangre hacia el corazón.
Hábitos y ropa adecuada: el uso de medias de compresión de presión media puede ser una herramienta útil para las personas que permanecen muchas horas de pie. Estas prendas ayudan a mejorar el retorno venoso y a reducir la sensación de pesadez en las piernas.
En sentido contrario, se recomienda evitar la ropa excesivamente ajustada que genere presión innecesaria sobre determinadas zonas y dificulte la circulación.
El enfoque final: cuidar la salud vascular todos los días
Según concluye Jaramillo, la salud de las venas no depende de una solución rápida ni de un único procedimiento estético. Si bien tratamientos como el láser o la escleroterapia pueden ser útiles en determinados casos, el verdadero impacto se logra mediante cambios sostenidos en el estilo de vida.
La alimentación, la actividad física, la hidratación y los hábitos cotidianos forman parte de una estrategia integral que contribuye a mejorar la circulación y reducir el riesgo de complicaciones a largo plazo.