Las marchas por la crisis de 2001
La primer movilización que sufrió la represión por parte de la Policía estaba compuesta por amas de casa y oficinistas. Luego, militantes políticos y adolescentes llegaron al escenario para protestar también, acción que fue recibida con una violencia que, lejos de controlar la situación, hizo que el estallido social tomara dimensiones impensadas.
Además de demandar una respuesta eficaz ante la situación económica, los protestantes tenían otro objetivo en común: pedir la renuncia de Fernando de la Rúa. A pesar del Estado de Sitio impuesto por el mandatario luego de los saqueos masivos, el desafío al Gobierno era directo y ya sin retorno, la tensión escalaba minuto a minuto.
Luego de los primeros enfrentamientos, y con la multitud colmando la Plaza, el entonces ministro del Interior, Ramón Mestre, ordenó a la Policía Federal reprimir usando gases lacrimógenos. Esto provocó la dispersión de una multitud que se replegó ante el Congreso de la Nación, donde el violento accionar policial desató las primeras muertes de la jornada.
La renuncia de De la Rúa
A la mañana del 20 se anunció la renuncia del entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo. Pero la masa no claudicó ante lo que interpretaban como una respuesta insuficiente de parte del Gobierno y exigieron una vez más la renuncia del propio De la Rúa. Este último ordenó despejar la Plaza de Mayo ante la continuidad de las protestas, lo cual hizo que la fuerza de seguridad desplegara todos los medios disponibles para cumplir el mandato presidencial, incluida la caballería.
El número de víctimas ascendía a cada minuto que el mandatario ignoraba la posibilidad de deshacer su accionar y retirar las fuerzas. Su último recurso fue proponer la formación de un gobierno de coalición con la oposición, opción que el peronismo rechazó.
Fernando De la Rúa presentó su renuncia el 20 de diciembre a las 19:52 horas, antes de montar el helicóptero presidencial en la Casa Rosada. A sus espaldas yacía una Plaza de Mayo colmada de disturbios, con los vestigios de lo que supo ser una de las rebeliones más importantes y trágicas de la historia de la Argentina, con un resto de 30 muertos por la represión.