Para decirlo de manera sencilla, cuanto más "chata" es la curva es el tiempo que se extiende la presencia de la enfermedad en una población y menor la cantidad de infectados por día.
Y si de ejemplos se trata, Italia aún padece una "curva pronunciada". El 31 de enero se registraron solo 3 casos, pero al 9 de marzo esa cifra se disparó a 9 mil, haciendo prácticamente imposible que los especialistas de la salud puedan atenderlos a todos.
En tanto, en Japón se registró una situación completamente inversa y con curva aplanada. Del 16 de enero, momento en que se notificó la presencia del primer caso, se pasó a unos 500 el 9 de marzo.
De esta manera, la enfermedad no desaparece, sino que su presencia y propagación se extiende en el tiempo, con una menor incidencia de pacientes en un mismo momento, y la curva de contagio se convierte en una suerte de meseta; y se evita que, en el peor de los escenarios, sean los especialistas los que deban elegir a quién atender y salvar.