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Diario íntimo de una usuaria que estuvo 25 días sin agua (y de los baños que pidió prestados para sobrevivir)

por Lucía Beverini | 09 de noviembre de 2018 - 02:37
Diario íntimo de una usuaria que estuvo 25 días sin agua (y de los baños que pidió prestados para sobrevivir)

Llevo 10 días sin agua. Estuve yendo a la casa de mis amigos a bañarme y descubrí que me encantó conocer sus baños. Durante estos días entendí que usar la ducha del baño de un amigo es un puente hacia su intimidad. Sí, estoy siendo optimista. Pero soy optimista porque es lo único que me queda: estar 10 días sin agua no tiene nada de bueno. Estar sin agua es una mierda. Dejé pasar una semana, me pareció un tiempo más que prudente para que se hicieran cargo de la situación. No recibo respuesta. Decido escribir.

Día 10
Conocer los baños de mis amigos a fondo me deja una conclusión: bañarse no es lo mismo que usar el inodoro o el lavamanos. Es una instancia más privada que me gustó explorar. Todo lo que pude entender cuando vi cada producto arrinconado en la esquina de la bañera o lo que está colgado en la canilla: las tangas sexys, las deportivas, las lisas (aburridas). El tipo de jabón y la intensidad de la ducha, las manías de las canillas y la alfombra de salida para no pisar el frío de los azulejos. Ohhh qué baño me esperará los próximos días...

Llevo gastados desde el día 3 unos 350 pesos diarios, viajes y comida comprada para la cena. Al mediodía la vengo piloteando con yogur y una granola que me regalaron. ¿Quién se hará cargo de todo esto?

Día 11
Mi reclamo tiene un número: es el 260 03 09. En pocos días paso de tener una terminación /2 a /7. O sea que ya llamé unas 15 veces, de las cuales me atendieron 7. En esa séptima vez, el pibe que me atendió me dio el número del ente regulador. Me entero entonces que hay un ente regulador que debería auditarlos y, por lo visto, no funciona muy bien. No tienen escrúpulos, otra pauta de que la solución va a demorar mucho más de lo que creía.

Día 15
Llamo a la inmobiliaria por 5ta vez. Debo admitir que maltraté al empleado, que es verdaderamente un inepto, aunque no sé si merecía todo mi fuego.

Fui a bañarme a lo de mi amiga R. Hace mucho que no nos vemos, estuvimos distanciadas por esas situaciones típicas de amigos. Resulta que su casa y su baño, aunque cambió de departamento, siguen siendo los mismos. Las tangas con guirnaldas (siempre tuvo buen gusto para elegirlas, son de encaje y bellas) también.

Siempre hay ropa tirada en el sillón o colgando de una silla. Incorporó a su dinámica cotidiana una gatita discapacitada. Nos sentamos a la mesa después de la ducha reparadora. Ya estoy lista: la premisa es fumar y tomar vino. Ella vive estresada y necesita placebos. Yo también.

Día 16
Es domingo y me levanté temprano (11 de la mañana). Salir anoche no fue una opción: decidí gastarme lo poco que me quedaba en un bife de chorizo con papas fritas y ver Wanderlust en Netflix (la recomiendo para parejas de más de 3 años). Estoy sucia, el pelo se me pega al cuero cabelludo y atrás de las orejas ya tengo un universo.

Pero antes de emprender la gestión de un nuevo baño recuerdo que es el Día de la Madre y hago el llamado correspondiente. Mamá me cuenta todo lo que está por comer (que siempre es carne) y lo que querría hacer en los próximos días de su visita a mi hermana (que también es madre). Le cuento que la situación del agua no cambió. Se enoja, me da consejos que ya practiqué y le digo que son grandes ideas.

Cuando llego a lo de mi amigo Zeta –el baño del día- me cuenta que conoció a una chica el fin de semana y está de buen humor a pesar de ser domingo. Mañana tiene que madrugar inhumanamente para ir a su trabajo dificilísimo de alarmas y electrónica y cosas que parecen sencillas, pero son como la física cuántica para mí.

La casa está ordenada como nunca por la posible llegada de una cita en los próximos días, algo que no se da desde hace un año. La ducha de Zeta tiene solo un chorro, la mariposa se salió hace unos meses y no la repuso. No está en buen estado, es soltero y conozco su pragmatismo: el baño se usa poco, ¿Para qué tenerlo impecable?

Los azulejos están llenos de hongos. Quisiera limpiarlo, así como quisiera limpiar el mío también. Está sucio y seco, como yo y los demás. Lo entiendo un poco, desde su casa anterior que sigue viviendo con su baño como en la época de estudiantes. Es un estudiante en modo “eterno inmigrante del interior de la provincia”. Y yo un intento de joven profesional con obsesión por el orden.

Día 17
Llamo nuevamente a ABSA, me dicen que la cuadrilla ya está pedida para verificación. No entiendo bien qué quieren verificar si efectivamente en mi casa no hay agua y los vecinos sí tienen. Claramente se olvidaron de empalmarme en la red nueva. Estoy desconectada.

Le explico esto a Nahuel, y él insiste en que el reclamo ya está hecho, no depende de ellos, sino de la unidad de organización de logística de las cuadrillas (o algo así), hecho que lo liberaba de toda responsabilidad. Le agradezco porque es un pibe que se levanta a escuchar a personas como yo todos los días, lo entiendo y lo saludo amablemente. No así al pibito de la inmobiliaria y sus tías ineptas que lo segundean muy mal.

Día 18
Con mi hermano tenemos un vínculo especial: somos amigos, somos compañeros de trabajo, vivimos juntos 7 años. de amistad, de trabajo y de ex convivientes, durante 7 años. Ya no vivo con él, pero conozco su casa y conozco su baño. Tiene poco shampoo y casi nada de acondicionador, los dos de pésima calidad. El jabón es buenísimo, claramente lo trajo su novia cuando se mudó hace unos pocos días para enfrentar el inevitable momento de la convivencia.

Cuando salgo de la ducha pispeo una crema que hace meses no entra en mi presupuesto, la uso y me siento ladrona, me siento un poco pobre también, pero me palmeo la espalda pensando en mi capital social. Vuelvo a la crema y a la sensación de placer de sentir buen olor, en el piso hay pocos pelos y eso me hace sentir más limpia. La casa -la que fue mi casa- está cambiando, como él.

Día 23
Vino ABSA. No se pudo resolver por hoy. Me explican que ABSA subcontrata a empresas privadas que son las famosas cuadrillas de las que me hablaron todos los empleados que me atendieron. Pero ellos trabajan hasta las 15 y no les pagan horas extras así que dejaron todo roto y se fueron.

Tengo nivel cero de paciencia, un punto de ebullición emocional con temperatura extrema. No me banco ni un chiste y de pronto la cloaca empezó a largar un olor espantoso. El baño está clausurado. La semana pasada vino el plomero, que se la pasa puteando por todo (mientras obviamente se le ve la raya), no pudo resolver el problema. Despotricamos un rato contra la inmobiliaria y me llevó a ABSA para hacer el reclamo -un nuevo reclamo- personalmente.

Me atendieron, dijeron lo mismo que cuando llamé por teléfono 17 veces y me fui, sin respuestas y con una angustia que empieza a subir por la garganta desde el estómago. Hace días que ya no almuerzo. Todo el esfuerzo que hice hasta el momento para resolver el problema fue en vano.

Día 25
El problema se volvió ético y moral. Desde la inmobiliaria la indiferencia es violenta. Ya me tratan de loca. Fui a bañarme varias veces a lo de Z y a lo de R, también me bañe en un centro cultural, en la casa de una amiga nueva. Me mandaron al menos 15 mensajes vía Whatsapp y por privado de Instagram con invitaciones a baños. Todos muy lejos de mi casa. Pero la solidaridad me reconforta.

Desde ABSA siguen prometiendo. Anoche soñé que ABSA me pagaba el alquiler de un mes, cuando me desperté todo seguía seco, ni una sola gota sale de las canillas. Fui a ABSA, me paré frente a la empleada y le dije: "Esto es un desierto de respuestas, o es el oasis de un desierto, pero yo hace 25 días que llamo para que me devuelvan el agua que estoy pagando y la solución no llega. Me voy a sentar acá hasta que lo resuelvan".

Empiezo a pensar en todo lo que tengo que hacer de un trabajo que no quiero hacer y pospongo. Los 3 trabajos que tengo me dan pocas satisfacciones personales y encima el tema del agua, la compu rota, la cuenta bancaria seca. No puedo despegarme del tema ni para las metáforas. Desde hace unos años todo se volvió un gran trámite.

Recuerdo a los que se rehusaron y a los que de a poco comprendimos la de no poder zafar de lo inevitable. Ir a ABSA, reclamar, esperar, sentirme sola, consultar con los amigos, trabajar en algo que no me gusta y en el medio hacer todo lo que sí me da satisfacción. Una exigencia permanente. Me levanto, al lado de la boca se asoma un herpes.

Vuelvo a la rutina de marcar todas las mañanas los mismos números en el celular. Del otro lado Romina. Prendo el primer cigarrillo matutino. Sé que el agua va a volver en algún momento pero mientras tanto pienso que la vida se trata un poco de esto: hacer cosas que preferirías no hacer.

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