Según cuenta en la nota, consultó a especialistas para ver si podía hacer algo para eliminar el perfil, alegando el derecho a la identidad y a la memoria, pero las políticas de Twitter privilegian la política de anonimato de la red social y la libertad de expresión.
"¿Qué quería? No lo sabía. O sí, quería saber, quería información. Y el cierre de la cuenta no iba a ayudar. Tal vez solo necesitaba decirle al que lo hizo que era siniestro", dice Ginzberg en su texto.
La periodista descubrió también otras cuentas con nombres de desaparecidos y que la cuenta con el nombre de su madre sigue a todos ellos: "Toda una granjita de trolls armada en base a y con burlas a desaparecidos", concluye.