“Escuchábamos tiros en la noche. No sabíamos si eran ladrones o la policía. Pero sabíamos que estaban robando”, relató otro vecino en cámara, mientras mostraba una canoa que minutos antes había servido para evacuar a personas atrapadas.
El drama humano que nadie quiere ver
Los testimonios se repiten. Gente que perdió todo en minutos. Autos tapados hasta el techo. Muebles flotando en la correntada. Familias enteras que pasaron la noche mojadas y a la intemperie por miedo a que les saqueen las casas vacías.
“Pasé toda la noche mojado, adentro de casa, cuidando. No dormí. No podés dejar lo poco que tenés, porque te lo roban. No tienen piedad de nada”, dijo Julio, que se había mudado a Salto desde Ezeiza buscando tranquilidad.
La escena no se limita a Salto. En Campana, la situación fue distinta: el agua bajó más rápido y los vecinos comenzaron la reconstrucción. Pero en otras zonas del interior bonaerense, como Zárate o Pergamino, también se reportaron intentos de saqueo y ataques a viviendas.
6.000 evacuados y 900 en refugios: el saldo parcial
El intendente de Salto, en comunicación con el programa de Luis Novaresio, informó que hasta ese momento se habían registrado 6.000 evacuados entre asistidos y autoevacuados, con 900 personas alojadas en centros de emergencia.
“La gente se sube a los techos y desde ahí cuida su casa. Hay tiroteos, y la policía no da abasto. Tenemos apoyo del GAT y del Grupo de Apoyo Departamental, pero no alcanza. Es desesperante”, dijo.
La ruta 32, que conecta Salto con Pergamino, permanece cortada. Las demás, según el funcionario, están operativas. Pero el aislamiento de muchas zonas rurales impide que llegue ayuda de manera efectiva. “El agua alcanzó el techo de las casas en varios barrios”, afirmó.
Una tragedia dentro de otra
La situación que se vive es dramática por donde se la mire. Personas que han perdido todo, que no saben cuándo ni cómo comenzarán a reconstruir, se enfrentan ahora a una segunda amenaza: la inseguridad.
“Ya nadie puede hacerse el desentendido. Esto está pasando ahora. El mal clima le dio tiempo a los políticos para tomar decisiones. Pero no lo hicieron”, denunció un periodista en vivo desde el lugar.
Vecinos arman turnos para vigilar los barrios. Muchos no quieren evacuar porque saben que si se van, serán saqueados. La angustia se mezcla con el cansancio, el frío y la falta de respuestas. No hay luz, no hay agua potable, no hay certezas.
“Nos advirtieron que no confiemos en nadie”
En una de las escenas más tensas del móvil, el equipo periodístico debió dejar de grabar cuando personas desconocidas en moto comenzaron a merodear. “Nos habían advertido que no confiemos en nadie, que si alguien se ofrece a ayudarnos con una canoa, desconfiemos. La situación está muy picante”, advirtieron.
Un vecino lo resumió con claridad: “Esto no es solo una catástrofe natural. Esto es abandono. Estamos solos”. Mientras tanto, la solidaridad entre vecinos se vuelve la única red de contención.
“Hay gente que necesita más que yo. A mí se me mojaron los muebles, pero hay otros que perdieron todo. A mí me da vergüenza pedir”, confesó Julio, el joven padre de Salto, al borde del llanto.